martes, 9 de marzo de 2010

Apra: El quiebre final

El congreso del Apra ha tenido el final que se merecía: ha elegido secretario general a Jorge del Castillo. El hombre del sometimiento a las transnacionales y los banqueros; el cómplice de Rómulo León; el defensor de la minera Majaz contra los comuneros de Piura; el que impidió el impuesto a las sobreganancias de las grandes mineras es ahora el líder máximo del Apra.
No puedo olvidar la vez en que Armando Villanueva dijo, en el local del Apra de la avenida Alfonso Ugarte: “El Apra fue y tiene que seguir siendo un partido antiimperialista. No sé qué pensará mi secretario general de esto”.
El secretario general era Del Castillo; la frase era irónica.
El currículo del ahora jefe máximo del aprismo está lleno de mentiras. No existen pruebas de que haya militado, como él dice, en el Apra en horas de prueba. Compañeros de la vieja guardia aprista aseguran que fue Rómulo León quien lo llevó a las filas del Apra.
En todo caso, el 8 de octubre de 2008, Perú 21 informó de un diálogo de León con Fortunato Canaán, el empresario dominicano de los petroaudios. Lo publicó con este subtítulo: “Exclusivo: Perú 21 obtuvo pasajes inéditos del audio donde el prófugo ex ministro aprista deja entrever que Fortunato Canaán iba a apoyar la futura campaña electoral de Del Castillo”.
En los días en que fue presidente del Consejo de Ministros, Del Castillo ideó la fórmula para burlarse de los reclamos laborales o regionales. Primero se negaba rudamente a ceder, por justas que fueran las demandas. Luego, cuando, ante esa actitud tozuda, los reclamantes entraban en huelgas, protestas y marchas, declaraba que no iba a resolver nada frente a actitudes de fuerza. Interrumpida la acción directa de los ciudadanos, Del Castillo suscribía actas de acuerdo, que después tiraba al cesto del olvido.
Que, con esos antecedentes, Del Castillo haya sido elegido secretario general del Apra indica hasta qué punto éste ha dejado de ser un partido, aunque sea parcialmente, del pueblo.
La quiebra final del Apra, de la que Del Castillo es ejecutor, se expresa no sólo en el ángulo moral, en el pudridero de la corrupción y la abdicación de todo sentido ético y nacional en los Colliques y los puertos. No es sólo eso. Es también la orfandad ideológica.
Ninguno de los sectores que en el congreso aprista se disputaron el poder puso algo más que botellazos, combos y patadas. Ninguna idea de fondo estuvo en debate.
Después de todo, los que pelean por un sueldo fiscal o un faenón no necesitan de ideas. Y los compañeros reclutados en los barracones del Callao no requieren de la cabeza; les basta con el cabezazo.
Con Del Castillo el Apra es, ya sin tapujos, el partido que el fascismo peruano necesita. Habrá que oponerle un frente único ancho, popular y combativo.
César Lévano

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