jueves, 4 de marzo de 2010

Identidad nacional y liberación continental

Identidad nacional y liberación continental: Un tema para el bicentenario
Redacción Popular
Editorial Marzo de 2010
No existe pueblo en condiciones de ejercer su libertad si ha sido despojado de su propia identidad, así sea semejante despojo realizado por medios (aparentemente) indoloros. Hace más de quinientos años vinieron conquistadores que despojaron a nuestros ancestros de su modo de vestir y de hablar; de la alegría y de sus riquezas; de sus danzas y de la relación con la tierra. No hay dudas que la sumisión realizose quitándoles la libertad, sometiéndoles a un régimen de explotación sin el cual la vieja Europa no podría haber realizado su supremacía tetracentenaria sobre el resto del orbe. En los días que corren los actuales conquistadores rara vez envían armadas. Semejante acción es nada más que una última instancia; sólo si es absolutamente necesario para sus crueles designios. Pero cotidianamente nos bombardean con sus mensajes que- ya hace más de 30 años se demostró- está ultracargado de ideología aún en los programas destinados a los niños. Tal vez mucho más en este universo en el cual se prepara a las personas para vehiculizar la ideología del imperio. Es que- como ya lo han señalado diversos teóricos desde hace casi un siglo- la dominación (neo) colonial únicamente es posible cuando el agente externo conecta íntimamente con aliados internos. Ellos son los malinches de la posmodernidad que nada hacen por resistir los cantos de sirena imperiales.
Tal vez una de las cuestiones centrales reside en comprender que la enajenación de nuestros recursos y demás riquezas se construye molecularmente cuando se nos despoja de la identidad. Por ejemplo, cuando celebramos Halloween e ignoramos la profunda significación de la festividad de la madre tierra. Las ilustraciones pudieran ser infinitas; pero van en el sentido de reafirmar que sin afirmar y defender críticamente los contenidos de la identidad nacional de cada uno de nuestros países no podremos combatir con la necesaria consecuencia por nuestro presente y nuestro futuro. No es que la lucha comenzada (simbólicamente hablando) hace dos siglos recomienza. No ha cejado nunca y la necesidad de afirmar nuestra identidad es parte decisiva en tal pelea.
Como decía un filósofo, en el lenguaje se construye y realiza la libertad. Y en los medios pertenecientes al poder globalizado la opresión de nuestros pueblos originarios no es dicha y se halla más que ausente. Los intereses del pueblo se hallan silenciados por un impúdico desenfreno para narrar cuestiones puramente privadas; cuya única finalidad es prostituir la noción de lo público. Se difunde un hedonismo de cartón (de bobalicones mirando como gozan otros) para encubrir que lo que se desea instalar es un conjunto de desvalores cerradamente individualistas. Los pueblos trascienden en construcciones colectivas. La lucha puramente individual de cada uno de los sujetos- además de inconducente- lo coloca en la situación nada más que de un simple combate para satisfacer, apenas, las necesidades primarias y elementales. Y si somos dignos enlaces entre las generaciones venideras y las que nos sigan, será porqué aportamos colectivamente para que nuestras sociedades sean un poco mejores, al menos, que las que vivieron nuestros ancestros. Para ello debemos derrotar en la conciencia de nuestros pueblos el nefasto individualismo y el conjunto de contenidos de la ideología imperial. Lo expuesto es parte de la agenda sustantiva de nuestro bicentenario. Es preciso ampliarla y enriquecerla.
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