domingo, 17 de julio de 2011

Los planes de la derecha al comienzo del nuevo gobierno nacionalista y popular.

AHORA VIENE EL PLAN "B"
Para llegar a la desestabilización hay que pasar por la desfiguración
La derecha que debe gobernar siempre el país (según ella), pero que perdió las elecciones y percibe que no va a tener el poder de torcer la voluntad popular de otras ocasiones, tiene un plan B que ha estado ensayando en estos días y que consiste en ir construyendo poco a poco un muñeco de varias cabezas, al que poder pegarle cada vez más fuerte y que la gente identifique como si se tratara del gobierno de Ollanta Humala.
El tema económico
Para la derecha el pueblo peruano debe creer que:
 (a)    El plan original de gobierno de Gana Perú era un desastre, estatista y controlista, y que es eso lo que ha espantado a los inversionistas, aunque la primera mayoría del país (31%) haya votado por él, desechando los otros planes precisamente por su disconformidad con la manera como se ha venido manejando la economía.
 (b)   Los compromisos de Ollanta Humala durante la segunda vuelta, que buscaban ampliar la base social y política de la propuesta de transformación, retirando algunas aristas sobre loas que no había consenso y supuestamente eran las que más alarmaban a los mercados, han resultado siendo precisamente los que han aumentado la incertidumbre y la desconfianza, ya que significarían que los ganadores de las elecciones pueden cambiar de idea en cualquier momento.
 (c)    Lo que los grandes inversionistas y sus intérpretes políticos, académicos y periodísticos están esperando es que se nombre un ministro de Economía que no responda ni al plan original, ni a los compromisos posteriores, es decir que convierta la “gran transformación” prometida, en la gran continuación, manteniendo el programa económico que ha regido al Perú los últimos 20 años, que es el de los que perdieron las elecciones en primera y segunda vuelta.
 (d)   La crisis de la Bolsa de Valores de Lima, al día siguiente de la victoria electoral de Ollanta Humala, apuntaba a arrodillarlo en 24 horas e imponerle condiciones. Como no lograron,  han continuado con la segunda campaña que es la del ajuste de inversiones y su impacto sobre el crecimiento. Lo que está pasando puede definirse como una “tercera vuelta” post elecciones, en la que los grandes grupos de inversión nacional y extranjera votan con su dinero o con su capacidad financiera, para expresar su disconformidad con la elección del 5 de junio, en la que fueron mayoría los que no tienen plata.
 (e)   Los economistas neoliberales como el presidente del BCR y las consultoras privadas, y los banqueros economistas (como el actual titular del MEF), consideran muy seriamente que son los únicos que saben de economía y del arte de atraer las inversiones (que es lo mismo), por tanto no tienen ninguna disposición a discutir las ideas de otros. Como son ellos los que han construido un monstruo del programa nacionalista, de ello mismo derivan que sus autores y defensores no saben nada, y mucho menos la gente que los apoyó en las elecciones, que por ese motivo no merece ser tomada en cuenta cuando se trata de asuntos de gobierno.
 (f)     La actual desaceleración de la inversión pública que se ha realizado en un contexto en el que aumentan las preocupaciones sobre el futuro de la economía internacional, y en el  que las incertidumbres electorales y las acusaciones del gobierno de turno contra el programa del candidato que finalmente ganó la elección, debían afectar el ritmo de la inversión privada, no correspondería a un complot o mala intención como se afirma, sino a un simple cronograma de reducción de la inversión estatal. Las regiones y los municipios, así como todos los proyectos que no tuvieran que ver con las inauguraciones presidenciales de despedida del mes de julio, fueron afectados por el Decreto de Urgencia 012. Pero García y Benavides siguen hablando de reservas, inflación y del crecimiento de cinco años.
 (g)    El Alan “neo-keynesiano” del 2009, que aumentó dramáticamente el gasto estatal (sin controles), para contrarrestar la caída de la inversión privada, cambió de disco en el 2011, y aplicó un ajuste fiscal al mismo tiempo que ocurría una retracción del sector privado. Irónicamente hemos estado discutiendo sobre cómo repartir el crecimiento, mientras las grandes empresas y el gobierno lo estrangulaban culpando al candidato que ofrecía un programa de reformas sociales de ser  el culpable por ocurrírsele hacer reformas en un país que ha pasado dos décadas en el inmovilismo económico.
 (h)   En resumen vamos a entrar a agosto oyendo decir que los conceptos básicos del nuevo gobierno, avalados por el voto, son el nuevo factor de crisis; que el ministro de economía, como no es de la confianza de la derecha política y económica, tendrá un fracaso garantizado; que las inversiones que dejan de hacerse es culpa de querer hacer nacionalismo económico; que la tasa de crecimiento del fin del año que necesariamente será más baja que la del año pasado, se deberá al tremendo error de los peruanos de haber votado por Ollanta Humala. Si esta revisión del resultado electoral se asienta y se convierte en sentido común, la derecha ya no sólo irá por la neutralización del proceso de cambios, sino directamente por la desestabilización. Ya en la Municipalidad Lima estamos viendo el pase de la caricaturización de la alcaldesa a la confrontación directa, como se aprecia con el primer paro patronal del transporte metropolitano.
El tema político
Hace una semana el director del diario emblemático de la derecha más dura, escribió que el presidente electo no debía sentirse aludido por la campaña contra la alcaldesa Villarán, que era un caso separado, y que debía dejar que la “tía bacán” se caiga sola. Poco después se abrió una rendija en el gobierno aún no juramentado con el caso del viaje a Rusia de Alexis Humala y se desató una batahola aún más feroz que la que desarrolla en relación a la actual administración municipal.
Sin tener una sola prueba de alguna trasgresión moral, aprovechamiento de la representación pública o daño al interés del Estado, el tema se ha vuelto una inmensa bola de nieve que ha agarrado desprevenido a los responsables de Gana Perú y ha creado una crisis política a una gobierno que aún no existe. Este es un hecho inédito que anuncia una etapa de duras confrontaciones que todos sabíamos que se iba a producir, pero no esperábamos que se iniciara con tanta ventaja para el adversario.
Lo que la derecha está queriendo demostrar en estos días son supuestas características del gobierno que se viene que van a ser la base de un ataque en crescendo en la medida en que puedan empezar a debilitar al nuevo gobierno:
 (a)    Mostrar un liderazgo dubitativo, que retrocede a la presión mediática y que se asusta ante el escándalo, que no dice toda la verdad y que ofrece demasiadas explicaciones a sus enemigos.
 (b)   Paralizar la maquinaria política de Gana Perú y el nacionalismo a partir de la concentración de las decisiones críticas en pocas manos, lo que puede conducir a que se  abran períodos de crisis sin respuesta inmediata que son altamente desgastadores, como se ha visto en estos días.
 (c)    Debilitar la cohesión interna de las fuerzas políticas y sociales en torno a Ollanta, por la tendencia a sancionar a priori a los que son acusados por la derecha.
 (d)   Desmoralizar a la gente que tenía esperanzas de un gobierno diferente, especialmente con el eje de la honestidad y la anticorrupción, al avanzarse acusaciones sobre faltas éticas que no son respondidas a tiempo.
 (e)   Preparar un “efecto Toledo”, que es el de los ganadores electorales cargados de promesas, que llegan al poder para convertirlo en su propiedad, incluyendo amigotes y familiares, lo que le costó caer rápidamente en los índices de aprobación.
 (f)     Alentar el malestar social por la desmejora económica, las promesas que puedan dejar de cumplirse, las acusaciones de corrupción, a lo que se irá sumando directamente el sabotaje patronal como se ve en el tema del transporte urbano en Lima. Nunca olvidar que las huelgas del transporte, especialmente el interprovincial fue un factor decisivo en la preparación del derrocamiento de Salvador Allende.
 (g)    Confrontar con la prensa como LA PRIMERA que ha apoyado la candidatura de Ollanta Humala, acusándola indistintamente de “no deslindar” por tener un manejo equilibrado del caso Alexis, o de ser la “oposición de izquierda” al presidente electo y la dirección de Gana Perú por no renunciar a una actitud vigilante y crítica que otros nunca mantuvieron respecto a Alan García o Fujimori.
 (h)   En síntesis, desgastar, manchar, irritar a la población respecto al gobierno que nace de una elección marcada por la esperanza. Pero ante todo quitarle la iniciativa, hacerlo dudar y luego acusarlo de indeciso. Provocarlo todo lo que se pueda, para ver si se desordena o si se rinde a la presión de sus adversarios.       
Estamos, no nos cabe la duda, en el camino de un proyecto de desestabilización y de crisis política y económica permanente. La derecha ha evaluado y está dispuesta a pagar el costo, porque mucho más peligroso es un gobierno que coloque al país en un nuevo rumbo y que pueda recibir respaldo popular en este esfuerzo.
La clave de todo está en la relación con las masas. Ollanta es invencible con el pueblo a su lado. Convertir la fuerza electoral en fuerza política es la tarea. Pero eso sólo se consigue con un fuerte engarce con las masas y en ese punto el aspecto clave es que Gana Perú no se paralice sino que asuma la tarea de organizar a millones que quieren la transformación del Perú.
En estos últimos días hasta la juramentación de 28 de julio y en los primero del nuevo gobierno, se va a jugar el futuro. Para enfrentar la desfiguración y no dejar pasar a la desestabilización se requiere mucha fuerza. Ollanta la tiene. La cosa es echarse a caminar. 

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