jueves, 20 de septiembre de 2012

PECADO ORIGINAL



Ronald Gamarra
La República
Domingo, 16 de septiembre de 2012
El 19 de marzo de 1998 el entonces congresista Rafael Rey votó a favor del proyecto de ley oficialista presentado por el fujimorista Daniel Espichán Tumay para conmutar penas a terroristas arrepentidos. El proyecto de ley contaba con dictamen favorable de la Comisión de Justicia presidida por el fujimorista Óscar Medelius, y de la Comisión de Derechos Humanos presidida por el fujimorista Anselmo Revilla.
Junto a Rafael Rey, también votaron por la aprobación de esta ley Martha Chávez, Víctor Joy Way, José Barba Caballero, Luz Salgado, Dennis Vargas Marín, Carlos Torres y Torres Lara, Edith Mellado, Ricardo Marcenaro… y todo el resto de la plana mayor y menor de la bancada de Fujimori y Montesinos.
En el debate, el fujimorista Anselmo Revilla sostuvo que la “ley de arrepentimiento... tuvo como objetivo lograr la reinserción del delincuente terrorista a la sociedad”. El fujimorista Espichán alegó que “este proyecto de ley... no tiene otra finalidad que resolver el problema de las personas arrepentidas” y que “debería conmutarse la pena a 378 sentenciados”. El fujimorista Gilberto Siura dijo: “Me satisface de manera especial que hoy se esté planteando la posibilidad de la conmutación de penas”. El fujimorista Róger Amuruz  señaló que “un terrorista arrepentido tiene la oportunidad de reintegrarse a la sociedad”. El fujimorista Campos Baca concluyó que “el proyecto merece un aplauso”.
El proyecto se convirtió así en la Ley 26940, promulgada el 13 de abril de 1998 por Alberto Fujimori, con el refrendo de Alberto Pandolfi Arbulú como presidente del Consejo de Ministros, y Alfredo Quispe Correa como ministro de Justicia.
Los fujimoristas gustan presentarse como los “duros” que jamás hicieron concesión alguna al terrorismo, pero no es verdad. Es más, hicieron concesiones inútiles que pusieron en las calles a supuestos “arrepentidos”, que en realidad en nada sustancial colaboraron o solo se dedicaron a calumniar a personas inocentes. Qué mayor símbolo de concesiones inútiles que aquella celebración del cumpleaños de Abimael Guzmán, donde Fujimori y Montesinos se presentaron personalmente con una torta de chantilly para el genocida.
Esta semana Ketín Vidal, Benedicto Jiménez y Marco Miyashiro dejaron muy claro que el régimen fujimorista fue esencialmente ajeno a los esfuerzos y al éxito del GEIN. La estrategia del fujimorismo era el grupo Colina. Si el GEIN no hubiese capturado a Abimael Guzmán, masacres como la de Barrios Altos y La Cantuta se habrían generalizado bajo la batuta del SIN manejado por el asesor personal del presidente. 
El GEIN les era ajeno. Por eso lo disolvieron unas semanas después de la captura de Guzmán. Ketín Vidal fue trasladado a un puesto administrativo, Benedicto Jiménez a dictar clases y Marco Miyashiro a una dependencia policial común en Chiclayo. No les importó infligir con ese acto mezquino un duro golpe a la tarea de acabar de inmediato con los remanentes terroristas, precisamente esos que hasta hoy, veinte años después, nos golpean en el VRAEM y el Huallaga.

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