viernes, 30 de noviembre de 2012

LA DEMOCRACIA TRAICIONADA POR UN GOBIERNO SUBVERSIVO

Salvador Mendoza Maquiavelo

Hemos sostenido que la opción por Gana Perú en el proceso electoral pasado, fue porque se definió  por la democracia con una propuesta programática de transformaciones, la misma que fue aceptada por la mayoría del pueblo peruano. Las demás organizaciones políticas, como siempre, apelaron a la democracia formal, es decir una democracia de fachada que utiliza todos los medios subalternos y mafiosos con de tal de sostener la situación actual, es decir el predominio de las bandas mafiosas incrustadas en el poder central. Y el caso más relevante es el del fujimorismo que ha radicalizado su opción autoritaria, además se han intoxicado de cinismo y vocación criminal. La venganza asolapada es  su política que hoy día se ha expresado claramente en el asunto de Javier Diez Canseco; pero en realidad su verdadera política es la venganza violenta.
El pueblo peruano votó por la vigencia de la democracia real con transformación nacionalista, hoy traicionada por el gobierno fracasado que, ante el temor de no terminar su periodo político o terminar en medio del desprecio del movimiento nacionalista peruano, prefiere situarse en el espacio mafioso; cree que su alianza con el fujimorismo y el aprismo alanista envejecido lo salvará de tal aislamiento político. Es simplemente la ilusión de un nacionalista dclaudicante.
El problema real es que su concepción del nacionalismo fue autoritaria, muy lejos del nacionalismo transformador en democracia, el germen autoritario estuvo desde su nacimiento sino que las condiciones preelectorales y electorales no le permitieron expresarse abiertamente como hoy lo hace. Era en realidad un nacionalismo sin fuerza real porque renunciaba a la organización de un partido de masas y por eso su triunfo fue mediocre, que terminó haciendo concesiones vertebrales en medio de un acoso desde todos los frentes. Cedió sin vergüenza alguna, ilusionado por el aroma embriagador de un poder que, ha descubierto, está en manos de los poderes fácticos, que no le pertenece, pero que lo acorralan como en un yeguarizo.
Los últimos acontecimientos políticos diseñados por el gobierno, nos muestran claramente que existe un gobierno con piloto automático, que las decisiones más importantes no nacen en palacio de gobierno sino en la cueva de la ultraderecha, de aquella que sueña con un Perú convertido en un paraíso político, sin oposición o con oposición perseguida o silenciada y el erario nacional a su disposición, reinventando aquello de que la plata viene sola o aliándose a las grandes corporaciones para finiquitar grandes negociados. Por ello hace todo el esfuerzo necesario para que la Mega Comisión Anticorrupción naufrague en beneficio de la mafia aprista y de las políticas ultraconservadoras.
Desde el  periodo de formación de la Mega Comisión, desde las más altas esferas del poder hubo una decisión de que fuera formal, irrelevante para ello debería estar fuera de esa Comisión los parlamentarios Chehade y Diez Canseco. En medio de mentiras, calumnias y tergiversaciones el gobierno eliminó primero a Omar Chehade y después a Javier D.C.
El gobierno de Cachiche, sin ninguna virtud y en medio de una política populista grosera ha ido desembarazándose de todo representante que tenga una lejana imagen de progresista y lo ha hecho de la manera más vulgar, como un vendedor de camotes en la parada.
Así quedó demostrado con el último acuerdo del congreso respecto de un proyecto de ley presentado por Javier Diez Canseco y que suscitó las iras perversas de los apristas más corruptos y que aún permanecen en el congreso gracias a la plata mafiosa. Suspendieron al mencionado congresista por un supuesto conflicto de intereses y que en el fondo se trataba de defender los intereses de grandes corporaciones como Backus, las AFP, entre otros, que abusan de las acciones de inversión, que son una especie de inversionistas de última categoría sin derechos ni a los beneficios que le son inherentes. Bajo esta cantinflada del gobierno se evita que los accionistas de inversión tengan los mismos derechos que los accionistas comunes. Se salvaron estos monopolios de esta regulación necesaria para impedir el enriquecimiento desmedido de quienes controlan esas empresas. ¿Cuánto de dinero habrá habido en esa corruptela? Efectivamente la plata viene sola. Y es evidente que nadie presentará una iniciativa como la de JDC, de antemano está muerta por la acción de los mafiosos que se coaligaron en el Congreso y en beneficio de las grandes corporaciones corruptas.
Entonces queda claro que de este modo el gobierno se incorpora a la coalición mafiosa con propósitos subversivos, contra la democracia; y el cuadro político de traiciones, la toma y daca y de claudicaciones se presenta ahora perfectamente delineado y se ha hecho público y notorio. No hay dudas, ha perecido toda forma de defensa de la democracia desde el gobierno, lo último que teníamos como parte de las coincidencias con los gobernantes. Está todo roto y se avecinan días negros.
Si la venganza desde el poder político es despreciable por ser propia de dictadores que se ensañan de manera brutal con sus opositores o disidentes, peor aún si el opositor es decente y respetable, incapaz de llegar a la política sucia. La coalición, en este caso, es el montaje descarado contra el Estado de Derecho que  lo quieren convertir en una cuadrilla de facinerosos, tal cosa ocurrió durante el gobierno de Fujimori, hoy sería su reedición violenta utilizando a los estúpidos del Movadef y al estrafalario asesino Abimael Guzmán.
El gobierno se ha coligado con la extrema derecha que hará todo lo posible por llegar a gobernar y reinstaurar la dictadura de los años 90, someter al pueblo con la violencia abierta, imponer una situación de miedo generalizado y no dejará ningún espacio para la crítica más dulzona y usará nuevamente al terrorismo, ahora bajo la forma del Movadef, para una represión contra el pueblo, contra el humanismo y el programa democrático nacionalista.
El proyecto de esta coalición es instaurar un régimen de terror que permita la máxima explotación de los pobres del Perú, la reducción drástica de la clase media, la minimización del estado peruano, reducción de los servicios de salud y educación, etc. No está, ni de lejos, en su percepción, el proyecto de modernización del país, no les importa seguir viviendo del negocio vulgar, de la venta de piedras. Esto explica la incapacidad de iniciar un proceso sostenido de industrialización, de explotación minera con valor agregado, satisfacer las necesidades energéticas del país, impulsar la producción agraria moderna que incorpore de manera asociada a millones de minifundistas, de los pequeños y medianos productores agrarios; dentro de un proceso de desarrollo nacional democrático y justo.
En tanto que la visión de los nuevos coaligados es una visión chata y ramplona, propia de brujos de aldea, además miserable que sólo busca la satisfacción o abultamiento de las cuentas bancarias de una élite dominante y mediocre.
Estamos advertidos todos los peruanos sobre la subversión contra la democracia y el programa nacionalista, sobre la instauración de un régimen del terror.
La historia nos demuestra que la derecha mafiosa jamás ha hecho esfuerzos mínimos para cambiar al Perú, su orientación principal fue el enriquecimiento fácil y rápido, ilícito, como ocurrió con la explotación del guano y el caucho y con los grandes negocios con las corporaciones y monopolios nacionales y extranjeros. La década del fujimorismo es también una demostración de nuestra afirmación, nueve mil millones de dólares, producto del remate a precio de huevo de las empresas del estado se esfumaron en una orgía de corrupción y propaganda barata, amén del latrocinio.
Trujillo 18-11-12

El imperio del consumo

Eduardo Galeano
La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble.
La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar.
La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos, esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.
El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica.
EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.
«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas».
Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo.
Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.
El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado.
El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.
Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.
El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald's no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.
Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato.
McDonald's viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de
Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald's, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra.
Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.
Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanta más exclusivo, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?
El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.
Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.
Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?
El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.
El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza.
Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.
La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia.
Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.
Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial.
No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.

jueves, 29 de noviembre de 2012

EL INDULTO A FUJIMORI: ¿CUÁL SERÍA EL INTERÉS NACIONAL?


Autor: Jaime de Althaus
Obviamente el informe médico es importante en el tema del indulto a Fujimori. Si la situación de salud del ex presidente cumple los requisitos señalados en el reglamento, no hay más discusión. Sin embargo, ante la posibilidad de que no sea exactamente así, el presidente Ollanta Humala ha reclamado su derecho a tomar una decisión sobre la base de otros criterios. Declaró a “El País” que la recomendación de la Comisión de Gracias Presidenciales no es vinculante y que en su decisión pondrá por delante el “interés nacional”. Es decir, afirmó la facultad discrecional que le da la Constitución para decidir, sin condiciones, si le otorga o no el indulto a Alberto Fujimori. Pero a los dos días Mario Vargas Llosa le advirtió que si lo hace, ensuciaría su gobierno. A lo que la ministra Ana Jara, la misma que habría precipitado el vuelco de su bancada a favor de la suspensión de Diez Canseco, replicó que “las declaraciones de terceros salen sobrando, la decisión final la tomará el presidente, y él ha expresado que tomará una decisión teniendo en cuenta el interés nacional”.
¿Cuál podría ser ese interés nacional en la percepción presidencial? Quizá la necesidad de un clima de mayor armonía y unidad nacional ante la amenaza neosenderista. Según las encuestas, la mayoría está a favor del indulto. Y lo está por razones humanitarias pero también porque percibe que la sentencia de 25 años es excesiva o injusta. Finalmente lo que derrotó a Sendero Luminoso no fue el grupo Colina sino una estrategia que puso fin a las matanzas horrendas de la década anterior a favor de una alianza con la población campesina y de inteligencia policial para capturar a los líderes. Es decir, una estrategia más limpia y humana. Si no fuera por la manera escandalosa en que Fujimori salió del poder luego de haber querido perpetuarse en él (sometiendo instituciones y comprando la línea de los canales y de los diarios chicha, que es por lo que siempre debió ser juzgado), esa estrategia sería hoy materia de estudio en el mundo como caso ejemplar de victoria sobre un movimiento terrorista cruel y sanguinario.
Es posible entonces que parte de la población perciba implícitamente en la decisión presidencial una última instancia capaz de corregir un fallo desmedido, sustentado, de otra parte, no en pruebas directas sino en una teoría jurídica que destacados penalistas señalan que no se aplicó de manera consistente. Por supuesto, quienes están de acuerdo con la sentencia y consideran que Fujimori es un criminal verían con repugnancia un indulto no claramente fundamentado en razones de salud. Pero son una minoría.
Lo que el presidente llama interés nacional podría tener que ver, entonces, con la necesidad percibida de afirmar la gobernabilidad para asegurar la inversión en el interior en circunstancias en las que Sendero Luminoso avanza en el Vraem, en las universidades, en el magisterio y en los frentes de defensa. Quizá piense que el fujimorismo, cuya mística está asociada precisamente a la derrota del terrorismo, puede ayudar a aprobar las leyes necesarias y dar la batalla política en las provincias.

domingo, 25 de noviembre de 2012

NADINE, LA CANDIDATA



Raúl Wiener
Parece que ahora la diferencia entre las distintas variantes del pragmatismo de la política peruana está en la que dice que la actual primera dama debe someterse a una reforma legal de la ley electoral para postular el 2016, lo que induciría a un compromiso del nacionalismo con los fujimoristas para tener los votos parlamentarios necesarios para la modificación del sistema legal, y la que está encontrando la esperanza de evitarse esa alianza indeseable en las declaraciones de autoridades electorales y constitucionales que han venido adelantando opinión para decir que la señora Nadine está apta para su postulación con el sólo texto de la Constitución.
 Lo que falta en esta polémica es saber lo que expresa esta candidatura superadelantada luego que el marido de la doña representó por seis años el reclamo del cambio de los pobres y de los pueblos del interior del país para concluir en el presidente que se jacta de haber desmentido a los que desconfiaron de él en economía y poco lo interesa lo que pasó con los que le dieron su confianza durante dos elecciones y quedaron varados por el camino. Sea cierto o no, el viraje automático de Ollanta de la izquierda a la derecha, en nombre del pragmatismo, es achacado a la influencia de su esposa. Entonces se podría decir que el camino que se está abriendo para el 2016 es el del continuismo del continuismo, es decir lo mismo que estamos viviendo. Y eso, ¿a quién le interesa?
Puede ser cierto que el tema del indulto esté atravesando esta discusión y exista la sospecha de que las relaciones entre Gana Perú y Fuerza 2011 estén condicionadas a la posibilidad de un trueque entre la libertad y suelta en plaza de Fujimori y el allanamiento legal para que Nadine sea candidata ya que el ollantismo no tiene a nadie más para esa función. Pragmatismo al grado sumo, que se quiere responder con una fórmula seudoconstitucional que peca de la misma raíz ideológica. Lo que no se ve es que Gana Perú no da para un acuerdo en bloque con los que fueron sus principales adversarios en el 2011 y que como sucedió en la votación para la sanción a Javier Diez Canseco un paso más a la derecha de los que ya se han dado conduce a la fractura, así que la mayoría nacionalismo-fujimorismo para cosas fundamentales es casi un imposible político al que se está dando casi por un hecho.
 Algunos parecen haber leído en las declaraciones de Vargas Llosa una advertencia al gobierno, lo que a su vez hace pensar que estaría muy maduro el pacto más vergonzoso de la más reciente historia política peruana. Lo que tal vez explique algo del nadinismo gratuito de estos días. Pero el tema de la postulación de la primera dama no tiene mucho que ver con la Constitución fujimorista de 1993 y la ley fujimorista de 1995, sino con lo que está pasando a significar el proyecto de Ollanta desde que rompió sus amarres con los sectores populares y se alejó del bloque de gobiernos progresistas de América Latina. Ahora, bien podríamos anticipar una candidatura con el respaldo de la CONFIEP y la Sociedad de Minería, de los grandes proyectos de inversión y la tecnocracia que ha copado las principales posiciones de gobierno. Si de eso se trata no me pidan que me ocupe de si se consigue de esta u otra manera. La lucha contra el indulto debe estar libre de maniobras, para que los tramposos queden en un solo lado, que es lo único que puede permitir limpiar la política de la cochinada que ha venido acumulando desde que Alberto Fujimori se hizo del poder. 
¿Traiciones del gobierno ...?

FUJIMORI: ¿ADALID ANTITERRORISTA?



¿Puede ser el adalid del antiterrorismo quien estuvo pescando en la selva mientras el GEIN se ocupaba de capturar al Dr. Guzmán en 1992?
¿Puede ser adalid del antiterrorismo quien ordenó, junto con Montesinos, el descuartizamiento del GEIN en 1992?
¿Puede ser adalid del antiterrorismo quien permitió que se concentrara en un solo lugar toda  la dirección política del PCP para aprobar el Acuerdo de Paz y el cese de operaciones militares del PCP?
¿Puede ser adalid del antiterrorismo quien facilitó que se le entregue una torta por el cumpleaños a la pareja del Dr. Guzmán, Elena Iparraguirre?
¿Puede ser adalid del antiterrorismo quien, junto con Montesinos, condujo las operaciones de desaparición y asesinato de personas en Barrios Altos, La Cantuta, Los Penales en Mayo de 1992, etc.?
¿Puede ser adalid del antiterrorismo quien organizo las denominadas leyes antiterroristas de 1992 y que fueron declaradas CRIMINALES, contrarias al estado de derecho y al Pacto Internacional de Derechos de San José de Costa Rica por la CORTE INTERAMERICANA DE JUSTICIA?
¿Puede ser adalid del antiterrorismo quien, junto con Montesinos, vendían armas a las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia?
¿Puede ser adalid del antiterrorismo quien dio un autogolpe el 5 de abril de 1992 y cerro el Congreso, encarcelo a periodistas y opositores políticos y mintió al país con las medidas que presuntamente iban a convertir al Perú en la Suiza de América?
¿Puede ser un adalid del antiterrorismo quien postulo al Parlamento Japonés para huir de la justicia peruana?
Los peruanos no podemos tener de adalid a un criminal como Fujmori.
Es como pretender que a Hitler le rindiéramos culto por haber sacado adelante a Alemania luego de la debacle de la 1ª. Guerra Imperialista.
Las encuestas no pueden dirigir al país.
Cuando en el gobierno de Alan García se asesinó a los prisioneros del PCP en Los Penales en 1986 casi todas las encuestas decían que estaba bien pero al descubrirse la verdad de este asesinato masivo la aceptabilidad de este crimen se redujo a menos de 1/3.
Lo mismo ocurrió cuando mediáticamente el Chino Velasco o el criminal Manuel A. Odria en sus regímenes golpistas tenían aceptabilidad superior al 80%. Y lo mismo ocurrirá con su pretendido indulto humanitario cuando se sepa la verdad de su cáncer que lo sobrelleva en una cárcel dorada donde es el único preso y donde puede hasta celebrarse el matrimonio de sus hijos, como cuando se caso su hija Sachi.
Los peruanos no odiamos a Fujimori. Fujimori es un elemento pernicioso que daño la economía y sociedad peruana convirtiendo a todos los peruanos en esclavos del capital, de las empresas extranjeras y de una Constitución y organismos constitucionales al servicio de los extranjeros.
Mauricio Quiroz

CÓMO CONSTRUIR UN PARTIDO FUERTE



Perú sigue siendo una democracia sin partidos.  Ningún partido nacional creado desde 1980 ha echado raíces.  La lista de partidos fracasados es larga y sigue creciendo.  
Con el surgimiento de nuevos proyectos de izquierda (Fuerza Ciudadana y el Movimiento de Afirmación Social) y rumores sobre la creación de un Partido Liberal, vale la pena pensar en las condiciones que facilitan la formación de partidos.  ¿Cómo se construye un partido sólido?  La semana pasada, hubo una conferencia en Harvard sobre la construcción de partidos en América Latina (participaron dos excelentes politólogos peruanos: Paula Muñoz y Alberto Vergara), y de allí surgieron dos lecciones para los nuevos partidos.
Primero, hay que construir una organización.  Casi todos los nuevos partidos latinoamericanos que han sido exitosos a través del tiempo tienen organizaciones fuertes, con militantes en todo el país.   ¿Cuáles son los nuevos partidos que se han institucionalizado en América Latina en las últimas décadas?   Son el PT en Brasil; el Frente Amplio en Uruguay; el PRD en México; ARENA y el FMLN en El Salvador; UDI y el PPD en Chile; y quizás el MAS en Bolivia.  Salvo el PPD, todos estos partidos tienen organizaciones fuertes.   
El problema es que la construcción de organizaciones partidarias es difícil.  Pocos políticos tienen el tiempo, los recursos y la voluntad necesaria para invertir seriamente en esa tarea.  Y estarán menos dispuestos a hacerlo cuando pueden llegar al electorado a través de medios alternativos, como el Estado o los medios de comunicación.  Según Brandon Van Dyck, un estudiante de doctorado de Harvard, son los partidos sin acceso al Estado o los medios de comunicación que más invierten en organización.  Por ejemplo, el PT y el PRD, que nacieron bajo regímenes autoritarios, no tenían otra alternativa que construir organizaciones.  Paradójicamente, entonces, la adversidad–y en algunos casos, el autoritarismo–puede fomentar la construcción de organizaciones más fuertes.  
Otro factor que fortalece la organización es el conflicto.  Periodos de polarización, conflicto violento o represión fortalecen a las organizaciones partidarias porque generan solidaridad, mística e identidades fuertes.  Casi todos los partidos o sistemas de partidos más fuertes en América Latina surgieron o se consolidaron durante un conflicto fuerte: una guerra civil (Colombia, Uruguay, Costa Rica), una revolución social (México, Nicaragua) o un periodo de polarización violenta (el APRA en los años  30 y 40).  De hecho, dos de los nuevos partidos más exitosos de los últimos años, el FMLN y ARENA, surgieron de la guerra civil salvadoreña.
Otro factor que ayuda en la construcción de una organización partidaria es ser aliados de la sociedad civil.   El PT fue construido con la ayuda de sindicatos, la iglesia progresista, y varios movimientos sociales, y su crecimiento en los últimos años ha sido facilitado por su nexo con una gran cantidad de ONG y otros grupos de la sociedad civil. El MAS en Bolivia fue construido sobre sindicatos, grupos cocaleros, organizaciones indígenas, y asociaciones vecinales.  En El Salvador, ARENA fue construido sobre la infraestructura de ORDEN, una organización paramilitar que operó en los años 70.
El segundo consejo para los nuevos partidos es que necesitan establecer una marca.  El electorado tiene que poder distinguir el partido de los demás partidos y asociarlo con ciertas ideas, políticas o modos de gobernar.  Casi todos los partidos que se institucionalizan tienen una marca clara y conocida.  Según el politólogo Noam Lupu, desarrollar una marca requiere dos cosas. Primero, los partidos tienen que diferenciarse de sus rivales. Los nuevos partidos más exitosos adoptan posiciones claras y no ambiguas.  En algunos casos, son posiciones radicales.  No es casualidad que casi todos los nuevos partidos que echaron raíces en América Latina en las ultimas décadas surgieron con programas claramente de derecha (ARENA y UDI) o izquierda (PT, FA, FMLN).  Segundo, los partidos tienen que ser consistentes.  Cambios dramáticos de principios o de programa diluyen la marca, sobre todo durante los primeros años.  Según Lupu, los partidos que diluyen a sus marcas con grandes giros programáticos son vulnerables al colapso. 
 En resumen, los nuevos partidos necesitan organización y una marca sólida.  ¿Conseguirán estas cosas los nuevos partidos peruanos?  Temo que no.  Las condiciones actuales en el Perú no favorecen la construcción de organizaciones partidarias.  La mayoría de los partidos no enfrentan una gran adversidad.  Tienen acceso a los medios y al Estado (sobre todo en el nivel municipal y regional).  No existe una gran polarización o conflicto, por lo menos en el nivel nacional.  Y no existen muchas organizaciones en la sociedad (sindicatos, organizaciones indígenas) capaces de contribuir a la construcción de partidos nacionales.  
Tampoco existen condiciones favorables para el desarrollo de marcas partidarias.  El actual “consenso de Lima” alrededor del statu quo ha generado una convergencia programática entre los partidos importantes.   No hay grandes debates programáticos.   Como consecuencia, los partidos no pueden diferenciarse fácilmente de sus rivales. Y los partidos con programas distintos han abandonado estos programas una vez en el poder.  Esta “alternancia sin alternativa” (tomando una frase de Alberto Vergara) ha diluido la marca de Perú Posible, APRA, y el PNP.  Para el nacionalismo, cuya marca es nueva, esta dilución podría ser fatal. 
No existen condiciones favorables para la consolidación de nuevos partidos en el Perú. Las excepciones son el fujimorismo y el MOVADEF.  El fujimorismo se reconstruyó entre 2001 y 2006 bajo condiciones de cierta adversidad y conflicto.  En algunas zonas, tenía como base organizacional los comedores populares.  Y mantiene una marca clara y consistente. 
MOVADEF esta excluido del Estado y de los medios, lo cual genera incentivos para la organización.  Está formándose en condiciones de conflicto y cierta persecución. Tiene mística y militantes con identidades fuertes. Tiene una marca clara y diferenciada de los demás partidos.  Lo que no tiene, por suerte, son votos.