miércoles, 2 de enero de 2013

EL PRIMER RETO DEL 2013



Entre enero y marzo de este año deberán dilucidarse, bajo la apariencia de lo que debía ser una consulta ciudadana acerca de la gestión de la alcaldesa de Lima, varios problemas políticos de primera magnitud. En el voto a favor o en contra de la revocatoria del 17 de marzo, la capital del país volverá decidir sobre el cambio o el regreso al pasado, si opta como ciudad progresista o si se repliega como la trinchera conservadora del país.
No es cierto que la gestión de Susana Villarán sea “pésima” respecto a la de sus antecesores  como se ha querido decir desde antes que asumiera el cargo, como tampoco es que hay estado extensa de errores  y malos momentos, especialmente por el intento de acometer desafíos grandes, que otras administraciones eludieron. Porque ese precisamente es el problema, que en el Perú no se puede por vía democrática emprender reformas de importancia por las resistencias que se desatan.
El tema es que los derrotados de las elecciones del 2010 y el 2011, los mismos que han logrado cercar a Ollanta Humala,  quieren tumbarse al gobierno municipal de Lima para continuar la tarea de sacarle la vuelta al sistema electoral. Convertir a un presidente elegido con los votos de los pobres y de las provincias en un vocero de la Confiep, como advierte Álvarez Roodrich, y lograr sacar a la alcaldesa de izquierda a la mitad de su mandato son como la gran venganza de los perdedores y de ahí tanta tensión que se genera en este asunto.
Lo que hay que decir de todos modos es que esta no es una pelea decente. No se trata de una revocatoria en la que hay cargos concretos de mala administración: corrupción (como a que hubo en a gestión previa) , actuación sin tomar en cuenta a sus electores, incumplimiento de promesas específicas, por decir alguna posibilidades, sino un sentimiento difuso de “a mi no me gusta la alcaldesa”, introducido a través de una amalgama de ideas que apuntan a que las insatisfacciones más o menos difusas de la gente encuentren un blanco en la alcaldesa. Así se usa fórmulas que caminan por el lado del insulto: “incapaz” ,“vaga”, “pro-gay”, “pituca”, etc.
Los revocadores han resumido estas supuestas “características” a partir de la ola de la Herradura, el primer día del traslado a Santa Anita o la reciente brecha en el muro del río Rímac. Basta la imagen para hacer la operación más sencilla del mundo: negar la obra y sobrestimar sus dificultades que todos saben que siempre existen. 
Como es obvio, para una campaña de destrucción personal y política de la alcaldesa de Lima como la que se ha planteado, se requiere una primera línea mafiosa, que actúa por dinero y sin ningún escrúpulo, y que encubre a los tres revocadores básicos Castañeda, Fujimori y García, que quieren aparentar cierta distancia mientras hacen cálculos de la ganancia que tendrán si a revocatoria prospera.       
Pero la clave del ambiente cargado de la revocatoria lo dan los medios que ya no informan sino que combaten porque caiga el gobierno municipal. Luego de haber probado que su poder no era el que creían en la elección de Villarán y Humala, ahora vuelven a la carga. Por supuesto que Marco Turbio y el mudo de Comunicore serían nada sin la sensación de potencia que les da el periódico de Aldo M y otros. Es una poderosa coalición reaccionaria para el 17 de marzo. Y habrá que derrotarla.

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