miércoles, 20 de marzo de 2013

CRECE EL PRONTUARIADO FUJIMORISTA

“No está lejos la época en que el avión presidencial que utilizaba Alberto Fujimori tenía compartimientos para camuflar drogas”.
Se confirma que la raza le viene al galgo.
El decomiso policial de cien kilogramos de cocaína pura en un almacén de la empresa exportadora Limasa, cuyo mayor propietario  es el hoy congresista Kenyi Fujimori Higuchi, hijo del condenado por corrupción y delitos de lesa humanidad, para quien pretende un írrito indulto  humanitario, amerita que, de oficio, el Congreso de la República inicie una investigación y que, en cuanto el Ministerio Público denuncie el delito, el Poder Judicial emita una sentencia, a la vez, severa y ejemplar.
No está lejos la época en que el avión presidencial que utilizaba Alberto Fujimori tenía compartimentos para camuflar drogas en circunstancias que su engreído Kenyi jugaba a la sombra del “tío” Vladimiro Montesinos, quien –entre otras ocupaciones de su asesoría pagada por los contribuyentes- ejercía la sistemática recaudación de cupos para facilitar la salida del país de los aviones de los narcotraficantes. También entonces se conoció que Keiko Fujimori abogó a través de una empresa similar que, desde Chimbote, embarcaba drogas en contenedores para otros productos.
La Policía Antidrogas –Dirandro- sospecha que Limasa, constituida hace nueve años, estuvo llevando al extranjero drogas de una red internacional, como quedó al descubierto en Febrero reciente con la incautación, en Panamá, de un contenedor con veintiocho kilos de igual cocaína pura que tiene el mayor precio en la ilícita comercialización. Hay también otras evidencias que vinculan a Limasa -y por tanto a Kenyi Fujimori- con la actividad mafiosa.
Esto explica que se oculte y mantenga explicable silencio tras el hallazgo en su empresa del Callao, el 11 del mes en curso.
Los cien kilos de droga encubierta en el contenedor, con destino a México, están valorizados en dos millones y medio de dólares. La policía guarda reserva, pero ha trascendido que se han producido numerosos embarques consignando otros “productos” que, en realidad, eran estupefacientes.
La responsabilidad penal del nada idóneo legislador, cuya hermana ya reinició en Cajamarca, en medio de la coyuntura revocadora de Lima, su millonaria campaña presidencial –sacando provecho del incumplimiento de las promesas de quien la derrotó en el 2011- es tan nítida como su intermitente relación comercial con la empresa panameña Global Strategy & Service. La actitud dolosa de Kenyi Fujimori salió a flote cuando no consignó en su hoja congresal de vida a Limasa y su socio Miguel Ramírez Huamán, quien fuera candidato fujimorista al Congreso, le enrostrara públicamente la mentira.
Los ciudadanos que, en algunos casos, aportando nuestra respetabilidad apostamos por el cambio con dignidad y la gran transformación, tenemos derecho a preguntarnos: ¿Hasta cuando tendremos que soportar a delincuentes y farsantes en los poderes públicos?
Ø  otros

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