lunes, 19 de agosto de 2013

El estrés de García

El ego colosal del dos veces expresidente está llegando muy cerca del delirio. Ya había dicho con singular desvergüenza que a pesar de las cosas por las que se le investiga y acusa, el pueblo siempre lo elige, y poco después que sólo aceptarían ir a un diálogo con el gobierno si les entregaban las cabezas del premier Jiménez, el procurador Arbizu y el congresista de la megacomisión Sergio Tejada. Por ahí, la encuestadora IPSOS acaba de constatar que para sus encuestados el principal líder de la oposición es AGP, y eso a pesar de que los mismos sondeos de opinión apuntan su vinculación con actos de corrupción como los narcoindultos y narcoconmutaciones.
Como si hubiera llegado su hora, García asegura en un twitter muy reciente que el Perú hubiera crecido mucho más rápido los últimos años si no le hubieran cuestionado los sobregastos, incumplimientos y violaciones legales, en los casos del Estadio Nacional, los colegios emblemáticos, los proyectos de “agua para todos” y las liberaciones en masa de narcotraficantes y delincuentes. “Esta es la crisis”, define el susodicho, insistiendo en su posición de que en el mundo no está pasando nada grave y el único problema que tenemos es que no lo tenemos todavía en la presidencia.
Ciertamente hay que haber estado padeciendo de un agudo estrés para llegar a expresarse de una manera tan evidente en la intención de evitar esclarecimientos sobre los hechos de su último gobierno. En un extremo el expresidente ha llegado a lamentar que no se realizarán los proyectos de Canaán que se plasmaron en los petroaudios y que se frustrara el faenón petrolero que prepararon Rómulo León y Alberto Químper, con Daniel Saba y César Gutiérrez. Estaríamos mucho mejor si todas esas trafas no hubieran sido paradas por los escándalos y las investigaciones. Viva la corrupción si hace crecer la economía parece ser el resumen de sus reflexiones.
García efectivamente no tiene aprensiones políticas en mostrar que se ha servido de la presidencia para convertirse en uno de los hombres más ricos del país y que una red de amigotes lo sigan apuntalando para que esté siempre en el bolo del poder, como retribución a los beneficios que recibieron en sus gobiernos. Si todo esto hace crecer la economía y las estadísticas dicen que hay menos pobres, qué importa que se vea un poco mal la manera como instrumentaliza una universidad para sus planes políticos, o la forma como la principal comercializadora de libros lo incluye en su directorio y le paga adelantado por los libros que aún no ha escrito, si cuando estaba en el gobierno la favorecieron con contratos millonarios.
García ha entendido la política como un permanente desplazamiento por el filo de la navaja, donde por un lado están todas las gollerías del poder y en el otro la posibilidad de terminar en la cárcel.

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