viernes, 25 de octubre de 2013

UN ANDRAJOSO EN EL BANQUILLO

Disfrazado de Andrajoso
Que el chinito Fujimori es –  siempre lo fue – un bribón, no hay la menor duda. Pero que su desvergüenza llegara a extremos de la payasada ridícula en un contexto formal que en cualquier parte del mundo obliga a guardar respeto y compostura, salvo que fuera un patán, algunos podrían haber dudado. Bueno, estaban equivocados.
¿Han visto el “look” con el que se presentó a la primera audiencia de su nuevo juicio? Simplemente como un viejito andrajoso, greñudo, de esos que piden caridad en la puerta de las iglesias. ¿Se le acabaron los ternos, le han robado sus camisas y corbatas y hasta los lentes? En la próxima vez ¿se presentará en paños menores y en sayonaras? Habrá que preguntarle a sus asesores de imagen: su médico de cabecera, Aguinaga, y a su nuevo abogado. ¿Qué se hizo del soberbio y engreído acusado que elegante y a voz en cuello gritaba en el primer juicio: “¡Soy inocente!”? ¿Y del “valiente” que pisaba cadáveres en la embajada de su patria? Ahora quiere aparecer, porque le conviene, un guiñapo humano abandonado, que no tiene ni quién le ayude a vestirse. ¿Y sus hijos, partidarios, y las fans que lo cuidaban hasta altas horas de la madrugada ¿para qué le baje la presión? ¿Ya lo abandonaron? ¿Qué pretendía midiéndose él mismo la presión delante de los jueces? ¿Es que él no está bajo un tratamiento para hipertensos y no hay quien le dé una pastillita de enalapril antes de ir a la audiencia?  ¿O es que estamos ante un burdo teatro para impresionar a tontos? El Tribunal debiera poner fin de una buena vez estas deplorables pantomimas.
Los sainetes y los comediantes tienen su lugar: el teatro o el circo. Cuando salga libre tendrá allí un excelente futuro. Pero mientras tanto el respeto a los jueces y a la ciudadanía que desea una justicia rápida y severa, necesita ver procesos ejemplares y no farsas que solo merecen el vituperio público.
Miles sufrimos de hipertensión pero a nadie se nos ocurre que ese pueda ser un motivo para privilegios penitenciarios ni menos para chantajear con gritos y aspavientos cuando no se cumplen caprichos como lo ha hecho prepotentemente el condenado agrediendo verbalmente a los empleados el INPE y las enfermeras. Ahora nadie podrá decirle nada porque le “sube la presión”.
Grosero chantaje.
Lamentable el papel de los hijos tratando de justificar esta parodia que a nadie, que no sea un cándido, le ha causado pena sino risa, no han mostrado ni asomo de dignidad. Bueno, tampoco se puede pedir peras al olmo: “de tal palo tal astilla”. Desgraciadamente, por conveniencias políticas, desde  el comienzo el trato dado a Fujimori como inculpado primero y como condenado después, no ha sido el que  correspondía legalmente a su condición de tal. Todos han sido privilegios y tolerancia clamorosa. Le dieron la mano y se fue hasta el codo. Siempre queriendo salir con la suya. ¡Qué distinto casos similares como el del exdictador Videla en Argentina quien ahora después de su fallecimiento en una cárcel común, ni en su pueblo natal quieren que se entierre su cadáver! Muertos sin tumba.

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