sábado, 1 de marzo de 2014

COSITO Y EL MENTIROSO


"Me toma por sorpresa que el Premier diga que ha coordinado conmigo, lo cual no es cierto… (el presidente Humala) me preguntó qué es lo que opino (sobre el salario mínimo). Le comenté y decidimos que, por los efectos negativos que pueda traer en esta coyuntura, no es conveniente. Y nos dimos con la sorpresa de la declaración del primer ministro" (declaraciones de Miguel Castilla en Cuarto Poder, América TV, que precipitaron la caída de César Villanueva y la recomposición del Consejo de Ministros).
Veamos los hechos que precedieron la crisis de gabinete Villanueva para evaluar el sentido de estas declaraciones:
1.   El 8 de febrero el país fue sorprendido por el anuncio de que los ministros habían dispuesto duplicarse el sueldo y extender el beneficio a la alta burocracia designada a dedo: viceministros y secretarios generales. La buena nueva, para los que se llenaron los bolsillos de un día para otro, es presentada por el ministro de Economía, que como se sabe había influido en el nombramiento de por lo menos la mitad del gabinete y de la mayor parte de los otros cargos premiados con el aumentazo;
2.   El 13 de febrero, el mismo Castilla, que era el único que estaba hablando en esos días, a nombre del gobierno, defendió su aumento declarando que se requería atraer a personal calificado que de otra forma se iría a la empresa privada (en el último cambio del 24.02.14, casi todos los nuevos ministros son miembros del gabinete que rotan y exviceministros, a pesar de los sueldotes), y agregó que sería inconveniente subir el sueldo mínimo porque eso induciría a la informalización de la actividad económica y produciría inflación;
3.   El 14 de febrero, Ollanta Humala se fue del país en una gira de ocho días a Medio Oriente, sin haber dicho una palabra del aumentazo y sobre ningún tema más;
4.   El 19 de febrero, César Villanueva contestó en una entrevista con Gestión que estaba evaluando con el MEF , el aumento del sueldo mínimo, estando por cumplirse dos años del anterior ajuste y existiendo una obligación por ley de ver los efectos de la inflación y las mejoras de productividad para proceder a un nuevo incremento;
5.   El 20 de febrero, Nadine Heredia que llevaba demasiados días en silencio, hizo declaraciones al salir del Hotel Westin donde se realizaba un evento internacional sobre salud, y justificó el aumentazo con la frase de que no se puede comparar el sueldo de un ministro con el de un maestro, y agregó como si alguien le hubiera encargado hacerlo, que lo del salario mínimo no estaba en discusión en el gobierno. Extrañamente hablaba con poca fluidez, como si tuviera gran inseguridad en lo que decía y no permitió repreguntas; 
6.   La ministra de trabajo, la invisible Nancy Laos, apuntó ese mismo día, que efectivamente no estaba al tanto de las coordinaciones entre el MEF y el primer ministro y que su sector no sabía nada de aumentos al salario mínimo;
7.   El 21 de febrero, Nadine Heredia dijo que no tenía problemas con el primer ministro al que había desmentido, y que el tema del salario mínimo mejor se lo dejábamos a los economistas (Villanueva no es economista, pero Castilla sí). Más tarde el primer ministro indicó que no se sentía desautorizado por las declaraciones de la primera dama, que eran sólo una opinión, y subrayó que el gobierno sí estaba revisando la cuestión del salario mínimo;
8.   El 22 de febrero por la tarde, llegó Humala al Perú. En la noche, Castilla fue a la televisión y expresó que la sorpresa por las palabras de Villanueva no era sólo suya sino también del presidente, con el que además ya habría tratado el tema del aumento del salario mínimo anteriormente, acordando que era inconveniente;
9.   El 23 de febrero, los voceros de la llamada oposición empezaron a reclamar muy temprano la renuncia de Villanueva y no la de Castilla, explicando la crisis como una impertinencia más de Nadine, obviando el papel del ministro de Economía;
10.   Durante todo el día lunes circuló la versión de la renuncia del jefe del MEF, porque el presidente estaba supuestamente molesto con sus declaraciones, y se vocearon posibles reemplazos,  cada uno de los cuales era desmentido después por los mismos aludidos. También se habló de un premierato de Víctor Isla, lo que hubiera representado un triunfo de lo más gris de la patota nacionalista del Congreso, pero al correr las horas quedó claro que la PCM pasaba a manos de un personaje que fue la primera ficha que Castilla colocó en el gobierno, aparte de él mismo, y que el ministro del mechoncito se quedaba luego de haber sido un actor clave de la crisis.
¿Qué se puede sacar en claro de todo esto? En primer lugar que Castilla toma el nombre de Humala como le parece, y que el “cosito” de esta historia lo consiente cada vez más, hasta el punto  de haber quedado totalmente maniatado al chantaje de que si se va de Economía empieza la crisis final del gobierno. Eso de que “convenció” al presidente de los inconvenientes del aumento del salario mínimo, es una confesión de cómo se manipulan las decisiones  por fuera del gabinete y del rol teóricamente coordinador del premier que andaba por su lado tratando de hacer algo sin nadie que lo sostenga.
Pero va más allá aún. No hay ninguna posibilidad de que las declaraciones de Villanueva del 19 y el 21 de febrero hubieran suscitado alguna sorpresa compartida entre Humala y el mechoncito, porque el presidente estaba fuera del país y su regreso ocurrió poco antes que el ministro fuera a la televisión, lo que quiere decir que también se da el lujo de comprometerlo con sus actos, a ver si es capaz de desmentirlo. La lógica era más o menos así: si Villanueva era el superior de Castilla y desmentirlo en público, una insolencia; sostener que no sólo el ministro sino también el presidente habían sido “sorprendidos”, equivalía a poner al premier contra Humala y forzarlo a aceptar su derrota.
Que toda esta operación maquiavélica haya sido acompañada por Nadine, muestra la profunda frivolidad con la que la doña pretende hacer gala de su poder político. Castilla la ha convencido seguramente que ella es una aprendiz de economista neoliberal, frente a las limitaciones de su conyugue que sólo dice sí, porque no tiene otra respuesta. Ahora Nadine ha servido otra vez para que Castilla vuelva a hacer una perrada, sabiendo que no va a ser desautorizado por Palacio, porque Humala no puede desautorizar a su mujer. Pero en realidad la pareja presidencial de lo que no es consciente es de su profundo ridículo, convertidos en avalistas de una tecnocracia que cada vez aumenta más su poder sobre el Estado. A estas alturas está claro que con sus métodos retorcidos y su desapego por la verdad, Castilla es el que manda. Lo demás son dientes sonrientes y un presidente de paja que ya no sabe para qué está en el poder.    
Publicado en Hildebrandt en sus Trece

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