jueves, 18 de septiembre de 2014

¿POR ENCIMA DEL BIEN Y DEL MAL?

 
OTRO MINISTRO AVALADO POR EL FM
La presencia del señor Alonso Segura en el ministerio de economía, aplaudida por los principales gremios empresariales del país y sus voceros mediáticos, además de asegurar – el propio presidente Ollanta ha sido enfático en ello- la continuidad del modelo económico impuesto hace más de 20 años, nos revela, otra vez,  el peso alcanzado por la tecnoburocracia internacional en el manejo de las principales entidades estatales del país, en especial de las dedicadas a la gestión de las actividades productivas; pero asimismo en aquellos quehaceres  de servicios que en los últimos tiempos se han convertido en otros escenarios de inversión del gran capital, como es educación y salud.
Esa tecnoburocracia, muy forrada en grados y títulos, desde los tiempos del ministro Boloña se ha convertido en la gran bisagra  que vincula a  los organismos internacionales, tipo FMI, con el Estado peruano.
En una palabra, la gran panacea del capitalismo mundial de los tiempos actuales; pero también, en tanto eminencias grises de las políticas económicas internas, en representantes directos de las clases o fracciones de clase dominantes en el escenario económico y político, de las cuales, como ha ocurrido con el señor Segura suelen recibir el espaldarazo.
¿Se acuerdan ustedes de los economistas Burneo y Jimenez, que en su calidad de responsables del plan de la gran transformación del entonces candidato Ollanta eran los llamados a ocupar las principales carteras económicas, pero que después fueron olímpicamente choteados por la pareja presidencial? Pues sencillamente no recibieron el aval político, ni interna, ni externamente,  de los  que realmente parten el jamón: los  llamados poderes fácticos, a pesar de que ambos intelectuales reunían largamente los méritos académicos y profesionales para ocupar tan altas responsabilidades.
Lo mismo ocurrió con el Fujimori de los años 90. Ganó las elecciones contando con el asesoramiento de los llamados “ siete samurais” liderados por Adolfo Figueroa, pero ya presidente, en el mismo Nueva York, la meca de la primera potencia capitalista, presionado por la tecnoburocracia  internacional dejó de lado a sus asesores de la primera hora y se entregó en cuerpo y alma al FMI y sus operadores. Los propios japoneses jugaron su papel en esa conversión ideológica y política. Lo dice Boloña: En Japón, “cabe suponer – que los japoneses. A.M. – le hicieron saber que, para contar con su colaboración, se requería llegar a un acuerdo con el FMI”.  (Carlos Boloña, Cambio de Rumbo,  IELM, Lima, 1993, p. 23).
Por eso es que resulta candoroso escuchar al flamante ministro Segura, cuando en respuesta a la propuesta del ex presidente García, de “conversar”, señala en su negativa de que no quiere “politizar” el tema, aparentando– es una constante en el actuar de la tecnocracia-  estar por encima del bien y del mal, cuando realmente su cartera, al igual que las capturadas por los especialistas supuestamente inocuos viven y operan, legal o ilegalmente – Boloña y otros fueron a parar a la cárcel- al servicio del gran capital y de las transnacionales
Es falso entonces que esos ministros no hagan política, la hacen y en las ligas mayores.
Por último, son esos tecnócratas -que hoy pueden ser ministros y mañana estar en el  FMI o en el Banco Mundial para luego volver- los que han sustituido, por la crisis en la que se debaten, a  los clásicos hombres de partido, con una particularidad: la de poder estar al servicio de cualquier organización política.  El único prerrequisito es que dichos entes compartan el credo neoliberal. De otro modo el señor Castilla no hubiera podido ser un alto funcionario del MEF en la administración del Apra y luego ser ministro del presidente Humala. Mañana puede estar al servicio de un hipotético gobierno  de la señora Fujimori. Lo mismo  pasa con PPK, ministro desde los tiempos del primer gobierno del arquitecto Belaúnde, en los años 60 del siglo XX.
Es decir, no se hacen bolas, están donde el credo los llama.

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