domingo, 28 de diciembre de 2014

CUBA, EE.UU Y LA NUEVA AMÉRICA LATINA

Por Diario UNO
Alberto Adrianzén M.
El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos ha sido un acontecimiento histórico en América Latina. Tanto Cristina Fernández de Kichner como Dilma Rousseff han dicho, como presidentas, militantes políticas y luchadoras sociales en la Cumbre de Mercosur, que pensaban que este suceso nunca lo iban a ver.
Y es que en verdad Cuba, más allá de la opinión que se pueda tener sobre su régimen, fue una suerte de espina clavada en el corazón de América Latina. Durante décadas la mayoría de pueblos de la región marcharon demostrando una terca solidaridad militante con ese pueblo. Cuba, como también el Che y Fidel, se convirtieron en una suerte de mito que muchos quisieron imitar aún a costa de sus vidas.
Incluso, esa deuda que tenía la región con Cuba, también se vivió en nuestro servicio diplomático. Hay que recordar el famoso discurso de Raúl Porras Barrenechea, canciller del gobierno de Prado, el 3 de agosto de 1960 ante la VII reunión de Cancilleres de la OEA, cuando, desoyendo las órdenes de su gobierno y citando a José Martí dijo: “La América ha de promover todo lo que acerque a los pueblos y abominar todo lo que los aparte”, apoyó a Cuba cuando la mayoría de los países de la región, siguiendo la voz del amo, votaba en su contra.
Como también debemos recordar al excanciller Carlos García Bedoya que al apoyar la revolución nicaragüense lo hizo como una manera de pagar la “deuda” que el Perú tenía con Cuba.
ALGO DE HISTORIA
Pero más allá de esta pequeña historia interesa señalar algunos puntos para entender mejor qué nos deparará el futuro:
Estados Unidos siempre ha visto a América Latina a través del lente cubano. Dicho de otra manera sus políticas hacia esta región han estado definidas por su interés respecto a Cuba. La famosa “Doctrina Monroe” de 1824, que fue la primera de ellas, tenía como principal objetivo adueñarse de Cuba y Puerto Rico.
En 1823 Quincy Adams opinaba que la anexión de Cuba “era indispensable para la perduración e integridad de la misma unión”. También la política del llamado Destino Manifiesto que expresaba la idea de que “la incorporación a Estados Unidos de todas la regiones adyacentes constituía la realización virtualmente inevitable de una misión moral asignada a la nación por la Providencia” (Albert Weinberg). México, Puerto Rico, Cuba fueron las víctimas.
De igual manera la enmienda Platt, que era un apéndice agregado a la Constitución de Cuba en el período de la primera ocupación militar estadounidense en la isla (1899–1902), que respondía a los intereses de EEUU y que convirtió a Cuba en una suerte de colonia a fines del siglo XIX.
Más adelante, en el siglo XX, la Política del Buen Vecino que consideraba al Caribe y a Centro América como su “mare nostrum”, la Alianza para el Progreso, la imposición a sangre y fuego de dictaduras militares en los años de la Guerra Fría, la “guerra de baja intensidad” contra Nicaragua, El Salvador y Guatemala en la década de los ochenta, así como en estos últimos años su política hostil hacia los gobiernos progresistas en la región.
“PATIO TRASERO”
Todas estas políticas que nos decían que éramos el patio trasero de EEUU, tenían como objetivo impedir otra Cuba en América Latina. Con el restablecimiento de relaciones con Cuba podemos decir que EE.UU. ha pasado del siglo XIX al siglo XXI en materia de relaciones internacionales con la región, abriendo así nuevas posibilidades.
Es un hecho que en este viraje histórico de la relación de EEUU y Cuba han jugado varios factores:
a) el reconocimiento público que la política hostil e intervencionista seguida por EEUU desde la Revolución Cubana ha sido un total fracaso;
b) la existencia de una nueva correlación de fuerzas en la región vía la existencia de varios gobiernos progresistas que han apoyado las demandas cubanas y mayores cuotas de soberanía;
c) el aislamiento internacional de EE.UU respecto a su política frente a Cuba como lo demuestran las continuas votaciones contra el bloqueo en la ONU y demás organismos internacionales;
d) los cambios en el sistema internacional que se expresan en el declive de la hegemonía de EEUU, la persistencia de la crisis económica mundial, el surgimiento de la China como potencia, el nuevo papel de Rusia, de los países agrupados en el BRICS y en Unasur, la aparición de un islamismo radical fuera de control;
e) la elección de Obama que trajo, más allá de sus visibles debilidades, cambios en la política exterior norteamericana, etc.
Todo ello, más otros factores, han obligado a EEUU a establecer nuevas prioridades que no se ubican principalmente en América Latina sino más bien en Oriente Medio, en los países árabes, en el Asia, China y Rusia. Ahí EE.UU sabe que su juega su liderazgo mundial.
RETOS PARA CUBA
Y si bien falta un largo camino por recorrer, como fundamentalmente el fin del bloqueo, Cuba enfrenta viejos y nuevos retos. Viejos retos que tienen que ver con la persistencia de un exilio cubano cada vez más dividido y con un partido Republicano donde militan halcones y guerreristas que, seguramente, pondrán trabas a este acercamiento.
También por haber sido Cuba una nación acosada por EE.UU y aislada de su entorno “natural” durante décadas y que si bien ha sabido resistir con mucha dignidad y heroicamente, muchas veces ha tenido que recurrir a medidas polémicas y excepcionales.
Cuba también tiene que enfrentar nuevos retos para integrarse, definitivamente, a nuestra región. En ese proceso los gobiernos de América Latina, en especial el del Perú, así como Unasur y demás organismos, tienen que demostrar que la histórica solidaridad de sus pueblos en todos estos años no ha sido en vano.
Porque a Cuba, a su pueblo, a sus héroes y a sus dirigentes históricos, como dijo Fidel, la historia, finalmente, los absolvió.

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