domingo, 29 de marzo de 2015

¿FRENTE DE CENTROIZQUIERDA?


UNIDAD DE IZQUIERDAS PARA EL CAMBIO

Claudia Cisneros Méndez
Un nuevo periodo electoral se cierne sobre nosotros. Como ver venir las nubes negras y cargadas de la tormenta perfecta, quienes no ejercemos política desde un partido ni por un partido ni para un partido, tememos. Como quien avizora la indefectible hecatombe del cielo a punto de romperse en mil pedazos, tememos. Tememos quienes tenemos claro que la derecha cancerbera del modelo económico que pisotea al ciudadano por mantener sus macrocifras tiene las mayores posibilidades de seguir en el poder. Si no las únicas. Sea en su ropaje de corrupción del Apra de Alan García, o el del fujimorismo de Keiko Fujimori, o sea con el ropaje del cínico y perverso lobby profesional y dedicado a favor de transnacionales y élites económicas de los ppkausas y su carismático PPK, la derecha ultra explícita o implícita tiene líderes que están en la cancha, que tienen tribuna, que tienen redes políticas, económicas, periodísticas, redes de encuestadoras, etc. y eso los mantiene vigentes en la recordación de la gente, en el imaginario popular, en los primeros lugares de las encuestas. Porque la gente opina de lo que existe, por menos o más perniciosos que sean los candidatos de derechas sucias para la política, para la sociedad, para el país, si es lo que hay, será el menú obligado del que tendremos que elegir. Preparémonos para las náuseas (otra vez). Excepto que algo extraordinario pudiera suceder por una vez en la historia del reciente Perú.
No hablamos de ese outsider que anda vendiéndose como hombre de centro y amigo de los progres famosos, diciendo a cada uno lo que quiere oír, cuando en verdad es un producto bien marketeado de la derecha. Tampoco hablamos de alguno de los otros candidatos cuyo mayor (si no único) mérito es tener el dinero suficiente para autolanzarse. Ni de ese con rabo de paja por el asesinato a un periodista que pende sobre él.
Hablamos de las fuerzas políticas de izquierda y progresistas del país. Esas que ad portas de un periodo electoral parecen organizarse a última hora cazando cuestionables (y cuestionados) dueños de inscripción, solo porque hace posible su vigencia política. O porque con ello se logre colocar algunos buenos parlamentarios en el Congreso. Entonces uno se pregunta: ¿es esa la forma de hacer política que queremos o con la que lograremos un verdadero cambio? ¿Cómo es que se llega a un año antes de las elecciones con una izquierda rota, hecha pedacitos y de ánimo irreconciliable?
Uno pensaría que tantos talentos, tanta gente inteligente, de principios, que ha demostrado en ocasiones varias su defensa de la democracia, de las libertades y los derechos, su amor por el país y sus consecuencias, uno pensaría, digo, que estos hombres y mujeres serían capaces de atender, procesar y comprender la responsabilidad que recae sobre ellos en este momento irrepetible. Uno creería que la sola responsabilidad por lo que ocurra los próximos años, el sentido profundo de querer lo mejor para el país, haría que depongan anecdóticas rencillas, insultos, ofensas y se propusieran trabajar por la única mejor opción que tendrán todos ellos y con ellos todos nosotros.
Uno esperaría que toda esa izquierda desperdigada, atomizada, secuestrada por sus propios límites, se abriera paso a sí misma. Se tomara en serio el país antes que sus intereses partidarios y diferencias, y se integrara en ese frente de centroizquierda indispensable. Prácticamente la mitad de la población ha dicho que no votaría por Alan, Keiko o PPK, y ese lugar hoy vacío de la centroizquierda tendría la mejor opción de hacer la pelea a la ultraderecha enemiga del pueblo si los pedacitos se armaran de valor y patriotismo en un gran rompecabezas contra la derecha abusiva.
Lo que ahora intentan en retazos es una supervivencia penosa y negligente de sus responsabilidades como líderes. Apenas luchando a manotazos por no perder sus inscripciones o por medir fuerzas entre ellos. Esperamos más, mucho más de todos y cada uno. Esperamos que miren al horizonte país, reconozcan sus coincidencias y las usen de base para armar y alcanzar algo grande. Grande para ellos, grande para nosotros, grande para la historia y para el país. Una decisión que los engrandecería. Un verdadero y bello conjuro por el país. ¿Serán capaces Marco Arana, Marissa Glave, Verónika Mendoza, Salomón Lerner, Pedro Francke, Nicholás Lynch, Carlos Tapia, Alberto Adrianzén, Félix Jiménez, Rosa Mavila y demás de asumir lo que les toca? ¿Serán conscientes de lo que solo ellos juntos podrían lograr? ¿Serán capaces de cambiar los pronósticos y la historia circular de la izquierda? ¿Serán capaces de asumir esa bandera, la peruana? Como dice el propio Sinesio López: “Difícil, pero no imposible”. ¿Serán capaces de alcanzar a la historia?

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