jueves, 24 de febrero de 2011

WIKILEAKS Y NUEVO COLONIALISMO

InjerenCIA norteamericana en asuntos
gubernamentales del país, es condenable
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Por Javier Diez Canseco
La intervención norteamericana en el manejo de asuntos gubernamentales del país (como en el de los recursos naturales) y, específicamente, en la articulación del frente “tapándote la nariz” para llevar a Alan García a la presidencia el 2006 parece cada vez más relevante. Resulta evidente, gracias a los wikileaks, que Jorge del Castillo acudió a ellos para que controlen el berrinche de Lourdes Flores y faciliten su aceptación a que AGP pase a segunda vuelta. Además que se les pidió ayuden para que ella se integre a un frente antiHumala. Y, según lo declarado por Javier Bedoya en Correo, no sólo está casi seguro de que la llamaron de la embajada, sino que a él le consultaron sobre la forma como avanzaba el proceso. Y el frente caminó como una seda.
Wikileaks también da cuenta de negociaciones del fujimorismo con el APRA contra Humala y su afán de garantizar condiciones a favor de Alberto Fujimori en un gobierno de AGP. Los hechos confirman lo exitoso de esa negociación al constatar la cárcel dorada y el comité de campaña con que Fujimori cuenta en DIROES, donde se maneja como Pedro en su casa y recibe a quien quiere y cuando quiere.
El tejido de la alianza política que ha manejado el país este quinquenio está al desnudo, con la activa intervención de la embajada norteamericana. Un wikileak del 2001 –que evidencia que PPK como ministro de Toledo es recibido con alborozo como hombre de confianza para la Embajada y los intereses de las transnacionales mineras– había retratado la infiltración del Estado por lobbistas y, en este caso, un ciudadano  norteamericano que juró lealtad a los EEUU para obtener su pasaporte y que goza de total confianza de la potencia del norte.
Pero, una nueva pieza del rompecabezas va dando nuevas pistas: el papel de Toledo y su gobierno en este terreno. Por un lado, Augusto Álvarez Rodrich da cuenta de cómo lo llamó un funcionario de Toledo, en pleno proceso electoral, para sumarse a una campaña de desestabilización económica y de temor a un posible triunfo de Humala, vía una devaluación del sol en la que había que empujar a que se comprometa el BCR, y que se negó a asumir. Era un todo vale.
Y hoy sabemos que Fernando Rospigliosi, ex ministro del Interior y hasta enero de este año Jefe de campaña de Alejandro Toledo, acompañado por Rubén Vargas Céspedes, ex Director de Defensa Nacional de Toledo, actual miembro de su equipo de Plan de Gobierno en Seguridad Ciudadana, acudieron a la Embajada de los EEUU para plantearle intervenir activamente en la campaña contra Humala en noviembre del 2005.
Más aún, según el informe confidencial 46333 filtrado por Wikileaks, Rospigliosi y Vargas trabajaban para la Embajada vía una consultora llamada Capital Humano Social (CHS). Esta entidad, se dice en el documento, está contratada por la NAS, una oficina norteamericana que interviene en la política antidrogas y coordina programas con otras agencias del Gobierno de EEUU, como la Administración de Imposición de Drogas (DEA), el Grupo Consultivo y de Ayuda Militar (MAAG, Departamento de Defensa), y la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID).
Rospigliosi propuso políticas concretas: dividir a los seguidores de Humala y apoyar un programa de comunicaciones antiHumala, cuidadoso de no ser explícito y directo. Se deduce que casi se ofrecían como operadores de dicho programa, ¿quizás una ampliación de contrato? Dice el embajador Struble que no aceptaron este programa, pero sí la propuesta de monitorear a Humala más detenidamente a través de NEXUM.
Lo dicho por Álvarez Rodrich y los Wikileaks dejan escasa duda de cómo se articularon diferentes sectores, y gente del propio gobierno, en una campaña política nacional buscando la reiterada y virreinal intervención de la Embajada de los EEUU. Muestran que el Estado y los partidos del continuismo neoliberal impuesto por el fujimorismo no son sino felipillos del Tío Sam. Una verdadera vergüenza para el país, una radiografía del tumor político que nos aqueja, y una renovada exigencia de cambio de un sistema político que carece de dignidad y soberanía a la luz de los hechos.

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