lunes, 22 de febrero de 2010

César Hildebrandt, Mirko Lauer, Jaime Bayly, Vargas Llosa y Barack Obama

DON HILDEBRANDT, DON LAUER, DON BAYLY, DON VARGAS Y DON OBAMA

“No sé que son los intelectuales, no me interesa el concepto de intelectual. Lo que debe hacer el escritor es decir la verdad”.
Susan Sontag
Escribe: MANUEL GONGORA
¿Qué conclusión central se desprende del artículo “Don Hugo Chávez”? escrito por César Hildebrandt en el periódico “La Primera” de Perú. ¿Cómo usa la lógica formal para vender su absurdo análisis donde afirma “Chávez es Fujimori, Fujimori es Chávez”? Su conclusión simplista que no dice, es: Ollanta es Chávez y Fujimori.
Haciendo el “milagro” lingüístico y sin prueba alguna, para sus “compadres” y él, Chávez y Fujimori “son como una gota de agua”. Si Ollanta en el Perú es igual que Chávez, resulta que Ollanta es Chávez y Fujimori. Así, Ollanta termina siendo “malo”. Entonces, debe trabajar buscando un candidato de las filas del neoliberalismo caduco pero con “rostro humano”, “exitoso” y “democrático”, tipo Piñera, que ahora quiere y necesita Obama. Don César ya entró en campaña para el 2011.
Así no sea Ollanta el abanderado del nacionalismo peruano, a futuro, cualquiera que luche contra el lobo imperialista disfrazado de oveja globalizada ya está estigmatizado. Más tarde, le tocará a Evo Morales cuando siga nacionalizando los recursos naturales de Bolivia, o a cualquiera en el Continente que luche junto a su pueblo por recuperar sus legítimas riquezas, hoy depredadas como en feria por las transnacionales del Sistema Imperial. Pero, la esencia de la conclusión que sustenta es que en el Perú del futuro no debe haber ningún Ollanta, debe ser cualquier otro, pero siempre neoliberal. ¿Por qué no Castañeda Lossio, Jaime Bayly, Lourdes Flores, Pedro Pablo Kuczynski, Alejandro Toledo, Jorge del Castillo o cualquiera que salga de la fábrica imperial? Este es el fondo del mensaje que sustenta Don César.
Piensa como Vargas Llosa pero desde otra trinchera, que nunca más debe triunfar y conquistar el Poder ningún nacionalismo y, peor, si huele a marxismo y socialismo del Siglo XXI. Don César siempre sigue la línea anticomunista y lo dicho por el genocida Bush: “Nunca más un nacionalista en América Latina”. Para defender este sueño loco, históricamente indefendible ya sabemos el precio, se avecinan más guerras de todo tipo: Ideológicas, políticas, sociales, económicas, culturales, educativas y hasta militares, desde las encubiertas hasta las más desembozadas y cínicas, como el golpe reciente en Honduras, auspiciado por los Halcones del Pentágono y Obama que siguen preparando nuevos planes para, a cualquier precio, destruir la Revolución Bolivariana , a Evo Morales en Bolivia, Correa en el Ecuador y, Daniel Ortega en Nicaragua, tan sólo para comenzar.
El Imperio, como es natural y lógico, odia y desfigura a diario al Presidente Hugo Chávez, lo quiere muerto, porque no sólo es un estadista del Socialismo del Siglo XXI, sino, además, un ejemplo vivo de la talla del libertador Simón Bolívar, buen teórico y excelente soldado de la revolución latinoamericana.
Chávez, hace más de diez años definió la estrategia de lucha en este Siglo XXI, al analizar: “Hemos vivido la bipolaridad de la guerra fría, con la caída de la ex URSS pasamos a la unipolaridad, ahora vivimos la multipolaridad, todas las naciones oprimidas se levantan contra el imperialismo”.
A Chávez le tiene miedo el Imperio y sus aliados no porque “meta las manos en algún país ajeno a Venezuela”, saben perfectamente que es una grosera mentira y más bien es al revés, pero diariamente hay que afirmar como “verdad” para desacreditarlo porque es su enemigo jurado.
Le tiene miedo y odio, igual que a Fidel Castro, porque ante el indetenible crecimiento de los procesos de ruptura del neocolonialismo en América Latina y la crisis económica y política originada por este capitalismo monopolista, estos líderes son los mejores ejemplos que sirven al pueblo para su orientación crítica en el futuro. En este escenario, ni las Fuerzas Armadas de cada país están exentas de estos debates; el “apoliticismo”, el “neutrismo” y el “profesionalismo” de los militares formados en la Escuela de las Américas, dejaron de funcionar, es obsoleto.
Pocos gobernantes como Alan García en Perú, Alvaro Uribe en Colombia y Felipe Calderón en México, siguen siendo perros falderos que acatan el Consenso de Washington, pese a que asistimos al declive de la capacidad de Estados Unidos que ya no puede ejercer un férreo control de su “patio trasero”. En paralelo, resurge en muy poco tiempo la llamada “izquierda”, aunque sea variopinta, que camina a la formación e integración de un potente bloque geopolítico regional con un contenido nacionalista. Es muy cierta la unidad en la diversidad, el sueño de integración continental de Simón Bolívar cada día se hace realidad en medio de tormentas, éxitos y fracasos. Es ésta realidad contra la que discrepa Don César y sus “compadres, sus gemelos, sus compinches”, como suele calificar a sus enemigos.
En el Perú, ningún luchador serio ignora a José Carlos Mariátegui, que fija el norte del futuro: “La revolución peruana no será calco ni copia de nadie, sino creación heroica del pueblo”. “La revolución será para los pobres no sólo la conquista del pan, sino también la conquista de la belleza, del arte, del pensamiento y de todas las complacencias del espíritu”. Sólo faltaría que Don César y quienes piensan como él, digan que esto es “dogmatismo” o cliché.
En verdad, esta realidad histórica social no acepta, por lo que puede resultar siendo un simple tornillo de la gigantesca maquinaria imperial mediática, y no anda sólo, tiene sus compadres, nacional e internacionalmente, todos trabajan al alimón. Para demostrar lo dicho, analizaremos algunos frescos e interesantes casos, no sin antes dejar en claro si Don César escribió lúcido, colérico, buscando quien le responda, o borracho, como sugiere Carlos Angulo.
En América Latina y Perú en particular, se necesitan intelectuales que escriban con claridad y rigor lógico dialéctico, porque si dicen la verdad se convierten en arquitectos de la conciencia del pueblo. Sin intelectuales serios y lúcidos ninguna transformación a una nueva sociedad triunfará.
Necesitamos con urgencia escritores con profundas raíces nacionales y que sepan volar como cóndores en el escenario mundial o globalizado, que usen su pensamiento crítico y no sean simples fotocopias ajenas a nuestra realidad. Estos requieren manejar coherentemente, cuando menos, la categoría de lo universal, general, particular y concreto, para que tengan unidad en sus análisis de la situación política, económica y social de carácter internacional, regional y nacional. Lo que se escribe bien con una mano, no se puede hacer mal con la otra.
DON CESAR NO HA ESCRITO “BORRACHO”
El poco estudioso Don César, tal vez no se enteró que el escritor y poeta peruano Carlos Angulo Rivas acaba de presentar en París y Madrid, su excelente libro “La danza del “chino” Kenya” cuyo personaje central es Kenya (nombre japonés de Alberto Fujimori) ex presidente peruano, recientemente ratificada su sentencia a 25 años de prisión por la Corte Suprema de Justicia, encontrado culpable de genocidio y asesinatos selectivos.
Carlos Angulo no solamente es analista político sino, además, experto en la política peruana situado en el contexto de la revolución bolivariana y bien informado sobre el próximo proceso electoral del Perú.
“La danza del “chino” Kenya” identifica pasajes de la vida de los inmigrantes japoneses en el Perú y nos presenta una galería de políticos peruanos de características tan peculiares que colindan con lo patológico. Analiza la conciencia social de seres retorcidos y contradictorios, quienes se utilizan unos a otros con el objetivo de conservar el poder político en las mismas manos, sin advertir su propia servidumbre frente a los poderes fácticos del país. Ausculta como un cirujano detalles de la historia no contada, perdidos en el estruendo de una aparición repentina en la política peruana. La presencia exótica de Kenya, necia y desvalida, pobre de espíritu, se alza luego sobre la tosquedad de quienes le ridiculizan, y llega en el reparto abundante de la inmoralidad a dominarlos a todos a través del apego a los réditos pecuniarios procedentes de los caudales del Estado. Explica el por qué un japonés resulta presidente de una nación distinta a su origen, tradiciones y costumbres.
De modo que, a Carlos Angulo nadie le puede pintar cuentos exóticos sobre Kenya y menos pretender perversamente asociar a este con Chávez, de ahí la crítica y deslinde puntual que hace a Don César en su artículo, esclarece todo. Sin embargo, le da la gracia de la duda atribuida a una posible “borrachera de fin de año adelantada”, donde le recuerda que “no puede llegar a límites delirantes, pues más se parece a Alan García y sus constantes desatinos que a un analista serio y creíble”.
Angulo deduce que la causa del delirium tremens de Hildebrandt obedecería a dos opciones: “O usted, don César, se pegó una borrachera de padre y señor mío, lugar donde perdió toda lucidez, o miente descaradamente porque le disgusta que la revolución bolivariana avance a cumbres inesperadas”.
TAMPOCO SE HA PEGADO LA “BORRACHERA” CON MIRKO LAUER, JAIME BAYLY, EL FRENTE INSTITUCIONAL MILITAR DE VENEZUELA, Y MENOS CON VARGAS LLOSA: TODOS SON POSTMODERNOS
¿Qué tienen que hacer estos nombres en el presente artículo? El columnista del diario “ La República ” Mirko Lauer, también el mismo día publica “Chavismo: Consolidación sin expansión” y, curioso, este mismo día sale en internet el Boletín del Frente Institucional Militar de Venezuela, con furiosos insultos contra Chávez; Vargas Llosa, desde Chile, alojado en la casa del fascista Piñera que le sirve de su cuartel general, repite a diario que Chávez es una olla podrida; días más tarde Jayme Bayly hace lo mismo afirmando que Chávez es un golpista ¿Todos contra Chávez? No. Contra la Revolución Bolivariana, su pueblo y sus líderes.
Todos son lúcidos y saben perfectamente lo que hacen, claro está, no se han pegado ninguna “borrachera” salvo la que ideológicamente tienen desde hace años en el cerebro y la conciencia.
Aunque le cueste aceptar a Don César, todos escriben como si fueran clonados, sirven a Don Obama, con distintos lenguajes mandan el mismo mensaje: Acabar con el nacionalismo latinoamericano, con Chávez y su ejemplo de vida. En Don Mirko su posición ideológica de liberal escondido y disfrazado de “moderno” es más clara y cínica; en Don César es esquiva, con maña, fantasiosa, de callejón de siete puñaladas y edulcorada; en el llamado Frente Institucional Militar es increíblemente decadente, perdido, angustioso, y calumniador hasta el extremo; en Don Jaime, sin comentario, todos saben lo que es; y en Don Vargas Llosa es de un extremista de derecha a carta cabal, cumple con calidad total su rol de vocero oficial del Imperio, provocador por alquiler, procaz al amparo de ser un excelente fabulador de novelas y nefasto manipulador de la política.
Formalmente, los artículos de estos intelectuales consiste no solamente en la mentira por la mentira, hacen uso de la llamada filosofía post-moderna, cuya esencia es el empirismo y el idealismo subjetivo y objetivo, buscan confundir todo, que la raza humana camine al individualismo extremo, adiós a la solidaridad, fraternidad, hermandad, hay que subvertir la racionalidad y la lógica, negar la dialéctica materialista, al punto de dejar al ser humano en las sombras, con la consigna simplista de “el hombre es lobo del hombre”, con esta borrachera mental pretenden desarmar al ser humano, dejarlo sin alternativas concretas, para que caminen al eclecticismo, al pragmatismo o al anarquismo total.
Negando la ciencia de la Axiología y la Moral, diariamente sustituyen valores y conductas humanas ejemplares por conceptos pragmatistas y cínicos creados por estos postmodernos: “Cada perro sabe como mata sus pulgas”, “sálvese quien y como pueda”, “divide para vencer”, “la vida no vale nada”, “el mundo se va acabar”, “ocúpate de tus problemas no te metas en los míos”, “la mejor manera de vivir es haciéndose el cojudo” y otros tantos, con el fin de relativizar todo, tal vez sin que ellos mismos se propongan aspiran retornar al empirismo salvaje, que nadie se ubique en el contexto histórico de la realidad concreta, que todos caminen confundidos. Esta perversidad sin nombre es lo que buscan los postmodernos, los neoliberales, los que aplauden y se benefician con la globalización. En otras palabras simples lo que buscan es: “Más te hundo en la ignorancia y la confusión, mejor te exploto, hasta el fin de tus días”.
El cinismo postmoderno niega la verdad objetiva y encima, la desacredita, conscientemente fabrican la mentira para pregonar el individualismo, el relativismo, el hedonismo, el subjetivismo y el empirismo extremo. Afirman con descaro que “cada uno formula su verdad basándose en su experiencia primaria”.
Tergiversando la elemental racionalidad humana, sostiene el norteamericano Rorty: “Creer firmemente en algo y dar la cara por ella, buscando hacerla valer con la fuerza de la razón, es una actitud de fanáticos”. Por si fuera poco, cínicamente insiste: “Para ser un buen demócrata hay que transigir y ser tolerante, hay que estar exonerado de valores y creencias”. En el colmo del embuste, Vattimo, homosexual italiano metido a “filósofo” afirma: “La verdad es experiencia estética, y las condiciones para decir la verdad es estar conforme”. Subvirtiendo totalmente la razón reitera: “La verdad objetiva no existe, es fruto de cada espiritualidad”.
Estos escritores, entre otros, son los inspiradores de todo mentiroso y cínico que irrumpe en la vida social y política del planeta para servir concientemente a los dueños de la globalización.

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