jueves, 11 de marzo de 2010

El vergonzoso indulto a Crousillat

Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
Es imposible creer que Alan García no sabía lo que hacía.
El indulto a José Enrique Crousillat será recordado, junto con los petroaudios del gabinete Del Castillo, como uno de los mayores escándalos del segundo gobierno aprista, pero más que por la liberación bochornosa, por la desfachatez con que Alan García ha pretendido encubrir su participación decisiva en esta cuchipanda asquerosa.
Cuando la trampa de Crousillat para ‘recuperar’ América TV se caía por carecer de indicios y de un sustento jurídico mínimos, el presidente García apareció ayer mismo para pretender limpiarse diciendo, en relación con el indulto, que “uno comienza a sentir un poco que ha sido burlado”.
El burlado, sin embargo, no es el presidente sino el país por el comportamiento sinuoso de un jefe de Estado que no tiene cómo defender la hipótesis increíble de que ha sido engañado en su pretensión de “actuar con buena voluntad”.
Antes del indulto, García fue requerido varias veces sobre el tema por la prensa y siempre ofreció esas respuestas típicas en él cuando quiere hacerse el ‘graciosito’ para ocultar lo que trama. Tuvo, por tanto, tiempo de sobra para pensar lo que estuvo planeando desde hace por lo menos un par de años.
Cuando, en diciembre pasado, firmó el indulto y fue criticado por algunos medios, García defendió a capa y espada su indulto en innumerables oportunidades, pero fue más allá y, con arrogancia, pasó al ataque al sostener que sus críticos “tienen miedo de que Crousillat diga lo que sabe de Montesinos”. No satisfecho con eso, alentó en público la amenaza de la “recuperación de América TV.
Lo que García no previó es la soberbia del broadcaster del ‘Doc’ después de obtener el indulto dorado: sin motivo, sin pagar la reparación, con los S/.69 millones que robó como botín, y sin el menor atisbo de arrepentimiento.
Al salir de la cárcel sin siquiera fingir una dolencia, y exhibirse en playas y restaurantes, Crousillat –paradigma de ese tipo de peruano despreciable que cree que todo lo puede– pretendió burlarse del país al que estafó con el financiamiento podrido del fujimontesinismo, incluyendo a quien lo indultó, quien ha sido el principal desnudado ante el país en esta farsa.
Habría que ser muy ingenuo para creer que García no sabía lo que hacía, que fue engañado, y que no ha estado metido en el plan para amenazar a la libertad de expresión, con la complicidad de un ex ministro impresentable que ya ha traficado en varios gobiernos, y usando como caballo de Troya al broadcaster del ‘Doc’, quien seguramente en este momento ya se debe haber escapado del país. Esta será una de las mayores vergüenzas de Alan García.

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