viernes, 7 de marzo de 2014

NO QUIERO FILÓSOFOS


Está fijado en mis recuerdos las veces en que el candidato Ollanta Humala asistió a las reuniones del grupo denominado “Intelectuales por el cambio” (que luego se llamaría “Ciudadanos por el cambio”, y sentado en un extremo de la mesa miraba insistentemente, su reloj, cuchichiaba con Nadine, bostezaba, hasta que por fin pedía permiso porque tenía algo que hacer y se retiraba presuroso sin agregar o quitar nada a lo que se venía discutiendo. La impaciencia era además más acentuada cuando las intervenciones incluían observaciones y reclamos a su persona en su condición de conductor de la campaña.
Alguna vez, como para cerrar cualquier posibilidad de duda sobre su actitud, dijo que prefería volver cuando estuviésemos de acuerdo y pudiésemos hablar con una sola voz. En realidad, nunca más volvió y a la larga los intelectuales-ciudadanos que se suponía eran la asesoría de izquierda de Humala, tomó rumbo propio y derivó en el llamado Frente Amplio. Pero esa es otra historia. Al presidente siguieron sin gustarle los debates, los desacuerdos y sobre todo que le digan ante otros lo que debe hacer.
En Palacio, dicen, Humala resume su actitud ante las propuestas que recibe para ministros y otros altos cargos del Estado con la expresión: “No quiero filósofos”, que para él debe querer decir que no le gustan los que teorizan y plantean problemas, en vez de soluciones. Una mirada a su actual gabinete de ministros quizás de una idea de hacia dónde lo ha ido llevando esa manera de ver las cosas. De 19 cargos ministeriales que actualmente existen, ocho se encuentran cubiertos por economistas, lo que representa el 42%, en carteras que van desde el MEF, Agricultura, Comercio Exterior y Turismo, Vivienda, Producción, hasta Educación, Salud e Inclusión Social.
Ya sabemos que se trata de economistas de una misma escuela, con títulos en el exterior, abarcando sectores económicos y sociales, y casi todos ellos imbuidos de la noción del FMI, de que la política no debe interferir  con la economía, lo que da como resultado el tipo de gobierno que estamos viendo que algunos llaman de “piloto automático”, por decir que pretende regirse por sistemas de costo-beneficio y no por políticas de desarrollo articuladas a un plan general.
Cualquiera podría decir que es sorprendente que un presidente que pudo saltar de los consejos económicos de Félix Jiménez a los de Miguel Castilla, de un día para otro, precisamente porque nunca quiso ni pudo hacer “filosofía económica”, se haya rodeado de tantos profesionales de este tipo. Pero la explicación es simple: se los puso Castilla, a partir de sus cuadros técnicos del MEF o importados del Banco Mundial y organismos similares. Y con ellos cerró un círculo de silencio sobre el presidente ya que la mayoría de estos ocho sólo hablan cuando se los pide Humala o cuando quieren hacer un pedido y han logrado el apoyo del mechoncito.
A los economistas habría que añadir además un administrador (Transportes) y dos ingenieros (Energía y Minas, y PCM), que vienen a ser casi los mismo. A los que hay que agregar finalmente siete abogados y una exestudiante de derecho. Los hombres y las mujeres de leyes sirven por cierto, para funciones tan variadas como Justicia, Defensa, Relaciones Exteriores, Interior, Trabajo, Ambiente y Cultura.
Así entre abogados y economistas, más una alícuota de profesiones afines tenemos repartido el poder tecnocrático. Y a Humala liberado de “filósofos” como podrían ser: educadores, médicos, científicos sociales, comunicadores u otros, por seguir con el tema de la capacidad técnica. Nuestro presidente desconfía de muchas profesiones, o alguien lo hace por él. Pero si se mira bien de lo que más se aparta Ollanta Humala es de las personas con experiencia política. Pareciera que ahí están los “filósofos” más peligrosos.
Campañas 2006-2011
Ninguno de los ministros actuales formó parte de los equipos que asesoraron la trayectoria política de Ollanta Humala hasta su llegada al poder. Ahí no había ningún asco a los largos años acumulados en el combate político por Carlos Tapia, por poner solo un ejemplo dentro de muchos que podrían ser citados. Pero tampoco los técnicos como Jiménez que estaban a su lado desde el 2005, fueron respetados.
Luego de ser voceado para ministro de Economía, miembro del directorio del BCR y otros puestos, a Félix lo colocaron junto a Dancourt como asesores económicos presidenciales, pero en cinco meses de labor nunca fueron consultados y tampoco oídos cuando quisieron advertir al presidente sobre decisiones económicas. Los dos economistas de la Universidad Católica, salieron del gobierno en el contexto de la renuncia de Lerner, y tal parece que Humala olvidó darles la gracias y reconocer a quién fuera el principal impulsor del programa de la Gran Transformación.
Otros “filósofos” que quedaron por el camino son Gonzalo García, excandidato a la primera vicepresidencia en la campaña del 2006, Maritza Glave concejal por el Partido Nacionalista entre 2007-2010, Alberto Andrianzén actual parlamentario andino, Manuel Dammert, etc. Y, por cierto, nunca olvidar el caso de Javier Diez Canseco que Humala no quiso llevar en su lista parlamentaria (le ofreció el lugar para su hija o para “Mocha” García Naranjo, que no aceptaron), hasta que tuvo que rendirse a la presión de sus aliados internacionales.
Pero la mezquindad con Javier no amainó. Se le retiró de la Megacomisión que era la ubicación que estaba concordada, como un gesto para bajar las tensiones con el APRA y el fujimorismo, y mas adelante se ordenó a la bancada votar por una sanción bruta y achorada, generada en la venganza de los corruptos perseguidos por Diez Canseco, que medio nacionalismo (otra parte se negó a participar del linchamiento) respaldó. El mayor de los “filósofos políticos” que tanto repelen al presidente fue asesinado moralmente por sus exaliados en un acto para la vergüenza que jamás se olvidará.
Entretanto tenemos el gabinete Cornejo que es de una extrema mediocridad política, con indiscutibles títulos académicos en buena parte de sus miembros, con pensamientos uniformes y carencia de ideas para un debate sobre dónde llevar el país, con un salario duplicado hace un mes y bajo control estrecho de la primera dama que se encarga de evaluarlos y botarlos cuando considera. Ninguno de estos es “filósofo”. Miren nomás a Cornejo que casi no habla y cuando lo hace se tiene que rectificar. Y a Castilla que dicen que es una luminaria, pero que opina que hace un buen equipo con Nadine. Nada más.       
Hildebrandt en sus trece

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