sábado, 31 de mayo de 2014

UNA ECONOMÍA CON VARIAS CARAS

Es ya un lugar común de las últimas décadas decir que buena parte de la economía peruana es informal, es decir que las unidades productivas y el trabajo que se realiza en ellas no se ha registrado legalmente. Asimismo, empieza a ser también corriente señalar que otra parte es delictiva, que se da no sólo al margen de la legalidad sino en contra de ella.
Ha existido también, por lo menos desde la década de 1980, un debate sobre la solución frente a lo que se considera un grave problema para el desarrollo e incluso la viabilidad del Perú como país. Ha abundado desde el poder el señalamiento de que la informalidad era un problema de papeles. Había necesidad, nos dijo en su momento Hernando de Soto, de legalizar la propiedad que los informales habían obtenido en la ciudad por la vía de la invasión, para que pudieran valorizar sus activos y entrar en el mercado. De igual forma, sucesivos gobiernos han tratado de aliviar la carga laboral y burocrática de las empresas, principalmente rurales y pequeñas, para facilitar su legalización. Sin embargo, treinta años después y tras muchos programas, planes y leyes, seguimos con una situación más aguda todavía.
¿De qué se trata? ¿Tenemos acaso una economía formal y moderna por una parte y otra informal y atrasada que procrea el delito por otra?
No, de ninguna manera, todo indica que nuestra economía es una sola. La parte denominada moderna o formal, que si la medimos por la cantidad de riqueza es largamente la más importante, no lo es tanto, si se toma en cuenta la cantidad de trabajo con derechos que produce, y que es tan solo una pequeña porción del trabajo de toda la economía. Sin embargo, la producción de esta riqueza no sería posible si es que no existieran importantes lazos con las “otras economías”, la informal y la delictiva.
Para empezar la existencia de trabajo informal, con peores condiciones a las señaladas por la ley, mantiene bajo el salario en el sector moderno de la economía y a una gran masa laboral en condición total o parcial de “ejército de reserva”, que en realidad termina siendo permanente. Pero también porque buena parte de la producción informal produce para la economía moderna e incluso parte de las unidades productivas llamadas modernas producen y/o venden informalmente. Por último, esta informalidad, promueve el delito, brindando un espacio en la economía y la sociedad para la burla abierta de la ley y el desarrollo de prácticas criminales con muy elevadas tasas de ganancias. No está demás señalar que estas elevadas ganancias alimentan el sector moderno por la vía del denominado lavado de activos pudiendo crear bolsones sociales  y regionales de aparente progreso.
Luego de varias décadas que los peruanos hemos estado esperando la solución al problema de la economía transgresora creemos que no se puede escamotear el carácter estructural de la misma. Requerimos construir un verdadero Estado, con el cual se identifique la población, para formalizar la informalidad y combatir el delito. Hay necesidad, asimismo, de un cambio del modelo primario exportador  y de sus características de capitalismo salvaje, sin derechos, para que empiece a retroceder tanto la informalidad como el delito. Un modelo que promueva la diversificación productiva, la producción de valor agregado y el trabajo con derechos podrá ser visto como una alternativa por aquellos que no tienen más remedio que vender su fuerza de trabajo en condición  de precariedad o, peor aún, inventarse alguna ocupación para sobrevivir. La solución estructural y la construcción de un Estado moderno, por supuesto, no van solas. Hay necesidad de incentivos tributarios y crediticios, levantamiento de trabas burocráticas, unificación de catastros y desarrollo de eslabonamientos macro regionales en el marco de la reestructuración productiva.
De esta forma, podremos tener una economía productiva que brinde empleo docente y promueva la integración entre los peruanos, más allá de los cantos de sirena que han permitido ganar votos pero dejan a la población en la incertidumbre de la pobreza y la falta de trabajo.

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