miércoles, 22 de octubre de 2014

NEOLIBERALISMO O MUERTE: NOS ESTÁN VENCIENDO

¿EL GOBIERNO CÓMPLICE DEL NEOLIBERALISMO?

CLAUDIA CISNEROS MÉNDEZ
 “La economía es el método, el objetivo es cambiar el alma”. Recordando esta infame frase de Margaret Thatcher, los sociólogos franceses Christian Laval y Pierre Dardot muestran hasta qué punto fue premonitoria de lo que hoy es una realidad: “el neoliberalismo es mucho más que un tipo de capitalismo. Es una forma de sociedad e, incluso, una forma de existencia. Lo que pone en juego es nuestra manera de vivir, las relaciones con los otros y la manera en que nos representamos a nosotros mismos. No solo tenemos que vérnoslas con una doctrina ideológica y con una política económica, sino también con un verdadero proyecto de sociedad (en construcción) y una cierta fabricación del ser humano”.
En su libro-ensayo La nueva razón del mundo sustentan cómo la llamada “lógica del mercado” ha desbordado el ámbito meramente económico y ha llegado a penetrar al ámbito privado (y moral, añado) del individuo. Tan perversa como eso es también la constatación de esa expansión a las estructuras de poder del Estado. Así, el Estado convertido en palanca política del neoliberalismo lo ha transformado de doctrina económica a cuerpo de normas y prácticas con respaldo político, institucional y jurídico.
Por la entrevista a sus autores ( http://goo.gl/VmyZGu ) y la sumilla editorial ( http://goo.gl/DjIikg ) queda claro que sus ideas son fácilmente constatables en la realidad actual, incluyendo la del Perú de Humala, la de García y hasta la de Toledo.
La perversa lógica del mercado, del capitalismo desenfrenado, del individualismo desembozado, del mercantilismo como valor han calado socialmente como axioma que ni se cuestiona ni se problematiza. El Estado, por su parte, es el mejor representante de las corporaciones, de los dueños del capital que es inoculado en el poder político para, a través de él, seguir expandiendo su capital privado y su poder en desmedro, casi siempre, del bien común y afectando los derechos de otros.
Ejemplos de cómo el Estado se deja poseer por el corporativismo son los lobbies desenmascarados del ex premier Cornejo y del ministro Mayorga; la ley de AFPS, la obstrucción a la Ley de Alimentación Saludable y un largo etc. El cáncer está instalado, y un gobierno débil ante el corporativismo como el de Humala-Heredia (o avispado como el de García) solo podrá actuar acorde a los intereses de quienes mueven los capitales y desatan sus temores ayudados de periodistas lobistas corporativistas y otros buitres del sistema político.
Eso fue lo que sucedió con el nefasto paquetazo ambiental (Ley 30230) cuyas consecuencias ambientales y sociales, mucho ojo, aún están por desatarse: “El gobierno culpa del declive (de pocos meses) del crecimiento económico a las reglas ambientales y trámites. Esta versión fue promovida por un grupo vinculado a las industrias extractivas que publicaron muchos artículos en periódicos y que le ganaron el oído al presidente”. Fue el poderoso lobby extractivista el que se sobrepuso al interés nacional, como bien lo explica a National Geographic ( http://goo.gl/ef8zvJ ) el reconocido ambientalista Ernesto Ráez, quien renunció al MINAM ( http://goo.gl/WEW8of ) tras el paquetazo.
¿De qué magistral manera la industria extractiva usó de palanca legal al Ejecutivo? Quitándole a la entidad fiscalizadora, OEFA la administración de la plata que recaudaba por fiscalización para no seguir fiscalizando (Art. 12). Quitándole por 3 años su función sancionadora, ordenando medidas correctivas sin multa y de no corregir rebajándoselas 65%. En la lógica empresarial saldrá más barato incumplir la ley.
Quizás el más descarado es el Art. 20 que hace explícito el uso del lobby en las altas esferas. Permite modificar la Ley de Áreas Naturales Protegidas “(…) Por Decreto Supremo con el voto aprobatorio del Consejo de Ministros…”. Tal cual ese artículo es el as bajo la manga del empresariado en colusión con el poder político. La creación de Zonas Reservadas ya no por criterios técnicos y procesos participativos sino por criterio “político” (léase lobby) en el Consejo de Ministros.

Así estamos, esto no ha terminado, recién está empezando y como bien apuntan Laval y Dardot es necesario conocer bien a qué nos estamos enfrentando para organizar la lucha por el bien común antes que solo el privado, por país antes que solo empresariado. El gobierno y los políticos no están de nuestro lado.

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